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El socialista visto por Salvador de Madariaga

¿Fue Largo Caballero un luchador por la libertad?

El pasado 29 de Septiembre el Ayuntamiento de Madrid decidió retirar el nombre de "Francisco Largo Caballero" a una calle de Madrid. El presidente del Gobierno Pedro Sánchez publicó el texto siguiente referido también a Indalecio Prieto: "[…] Lamentable noticia para una ciudad noble, plural y abierta como Madrid. Podrán quitar sus placas pero nunca podrán borrar su memoria en favor de la libertad y la justicia social del corazón de los madrileños"

Actualizado 11 octubre 2020  
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Gonzalo Fernández de Navarrete y González Valerio
  
Dentro de la simplificación intelectual propia de los pobres tiempos que corren, Pedro Sánchez – Secretario General del Partido Socialista y a la sazón actual presidente del Gobierno de España-  se refería en su mensaje en redes sociales anteriormente citado a dos dirigentes del Partido Socialista del siglo XX que tuvieron gran responsabilidad en la llegada de la Segunda República y fueron Ministros durante la República y posterior Guerra Civil: Indalecio Prieto y Francisco Largo Caballero. Largo incluso llegó a ser presidente del Gobierno durante la Guerra Civil.
 
De forma poco elaborada, que recuerda a la dialéctica de “blanco o negro” sin matices  de los años 30 del siglo XX, el mensaje del Secretario General del Partido Socialista, Sánchez intenta hacer parecer de forma indirecta qué todos los que crean que Largo caballero o Prieto no merecen una calle, y  quienes los critiquen son “ultraderecha”: “La ultraderecha ha arrastrado al PP y Cs.”
 
Aunque los dos fueran miembros del partido Socialista, su actuación no fue ni parecida, ni comparable, ni merecería ser agrupada en un mismo mensaje de defensa, puesto que la “memoria en favor de la libertad y la justicia social” de ambos personajes socialistas –Prieto y Largo Caballero- fue bastante divergente.
 
Por lo tanto no son ni parecidas las figuras de Indalecio Prieto (Oviedo 1883- México 1962) y la de Francisco Largo Caballero (Madrid 1869- París 1946).
Nos centraremos en estas breves líneas en analizar la figura de Francisco Largo Caballero.
 
De hecho entre ellos Largo caballero y Prieto ni se hablaban desde el año 1936,  tal y como refiere Fuentes Aragonés:
 
 “El propio Azaña había advertido con preocupación que Caballero y Prieto habían dejado de saludarse.”
 
Es por ello que en estas líneas nos centraremos en evaluar la figura de Francisco Largo Caballero (1869-1946) y con arreglo a los juicios enumerados, determinar si en ese caso se le puede considerar un luchador por la “libertad” tal y como especificaba el mensaje del Secretario General del PSOE Pedro Sánchez.
 
Para ello tomaremos como referencia principal la opinión sobre Francisco Largo Caballero de un republicano que lo conoció bien, y que pasó los años de postguerra civil en el exilio: el político y  escritor gallego Salvador de Madariaga Rojo (1886-1978).
 
 
La figura de Salvador de Madariaga, y el interés de su visión sobre la figura y obra de Francisco Largo Caballero.
 
El interés de los testimonios de Salvador de Madariaga sobre Francisco Largo Caballero, se debe -entre otras circunstancias- a que fue testigo de época y coexistió en el parlamento con Francisco Largo Caballero, aunque no fueran del mismo partido político. Por lo tanto Madariaga pudo observar el proceder de muchos de los políticos que guiaron los destinos de España sin opiniones intermedias: es un testimonio de primera mano, de una persona que además escribía con soltura, sin dar lugar a ambigüedades en sus opiniones.
 
Fue Salvador de Madariaga uno de los pocos personajes que actuaron dentro de los gobiernos de la Segunda República que no cayó en el totalitarismo marxista de la mayoría de los partidos que decían defender la República. Aunque tuvo sus dudas con la democracia representativa de sufragio universal directo, se le puede considera un demócrata en cuya visión se basó la transición a la democracia  en España tras el fallecimiento del General Franco.
 
 
Nacido en 1886 en la Coruña, murió en 1978 en Suiza. Es de interés el perfil biográfico de Madariaga elaborado por la Real Academia de la Historia en líneas de Fernando Cabo Aseguinolaza, que muestra la participación en la política de los años de Segunda República Española (1931-1936) en varios puestos de responsabilidad:
 
“La proclamación de la República lo sorprendió [a Madariaga] en México. Al poco fue nombrado embajador en Washington, de lo que se enteraría cuando el barco en el que regresaba a España desde Cuba hizo escala en Nueva York. Sólo ocupó unas semanas el cargo, ya que fue elegido diputado por La Coruña en las Cortes Constituyentes como parte de la lista de la Organización Republicana Gallega Autónoma (ORGA) y muy pronto se desplazó a Ginebra por mandato del Gobierno republicano.
Continuando, pues, con su carrera de funcionario internacional, Madariaga fue nombrado delegado español ante la Sociedad de Naciones en Ginebra, adonde llegó en septiembre de 1931”.
 
 
Y no solamente fue Madariaga funcionario designado por el Gobierno republicano de izquierdas de Manuel Azaña de 1931. Tras la victoria del centro-derecha en las elecciones de diciembre de 1933, Alejandro Lerroux eligió a Salvador de Madariaga para ser Ministro en su gobierno apoyado por la derecha, con la idea de seleccionar a figuras moderadas contrastadas que no soliviantaran a los socialistas:
 
 
En marzo de 1934, ocupó el cargo de ministro de Instrucción Pública y después el de Justicia en el Gobierno de Lerroux, aunque por un período muy breve: el Gobierno cayó el 28 de abril siguiente. Ése fue el año de la obra en que plasmó de un modo más sistemático su pensamiento político: Anarquía y jerarquía. Ideario para la constitución de la tercera República Española.
Sin duda, una de sus obras más polémicas en la que abordó los que entendía como peligros para la democracia liberal y planteaba un cierto modelo de democracia orgánica, de raíz regeneracionista, basado en la desconfianza hacia el sufragio directo y universal y en la que él preveía la Guerra Civil. De “Liberal herético” lo calificó Francisco Bobillo por el gran papel atribuido al Estado y por el distanciamiento de la concepción más economicista del liberalismo, recogiendo así una denominación utilizada en algún momento por el propio Madariaga. Esta obra, en la que se mostraba muy crítico con el Partido Socialista Obrero Español (PSOE) y con los partidos nacionalistas […]”
 
No quiere decir que los criterios de Salvador de Madariaga sean verdad absoluta, pero lo que sí es innegable es que en ningún caso se puede inferir que la crítica de Madariaga a Largo Caballero proceda de la “ultraderecha” tal y como como parece inferir Pedro Sánchez en calificar a los que critiquen a Largo Caballero en su mensaje de Septiembre de 2020.
 
Cómo ser humano tenía Madariaga sus propios sesgos personales e ideológicos, pero si es válido su perfil para considerar que no se encontraban sus opiniones presas de la dinámica entre los que apoyaban al régimen establecido en España en 1939, y los que se encontraban en el exilio. Madariaga fue él mismo un exiliado. Y acabó siendo un opositor al franquismo en el exilio de los que mayor influencia tuvo en ámbitos europeístas. Según Fernando Cabo:
 
 
A partir del año 1944 su posición [de Salvador de Madariaga] contraria al régimen franquista se volvió mucho más patente y cáustica, actitud que mantendría hasta la muerte del dictador.
De ese año es la célebre “Carta abierta al General Franco”. La carta comenzaba con un conminatorio: “General, márchese usted”, que utilizaría más tarde Madariaga como título para una recopilación de charlas emitidas por la Radio Difussion Française para España entre los años 1954 y 1957. Una de las constantes de estos parlamentos era la búsqueda de una intervención conjunta de las democracias occidentales como única salida plausible a la situación de España”.
 
 
 De hecho Salvador de Madariaga, en sus años de exilio en los que buscó la intervención de las democracias liberales europeas en España y llegó a participar de forma relevante en la organización del el llamado “contubernio de Munich” de junio de 1962, en que monárquicos y socialistas apuntalaban lo que luego sería la Transición a la democracia en España, también tenía Madariaga muchos enemigos. Entre ellos el camaleónico socialista Luis Araquistain, que lo llamaba “Salvador I” por sus veleidades grandilocuentes.
 
 
Y es que el Curriculum Vitae de Salvador de Madariaga  merece ser tenido en cuenta, y se puede en cierto comprender que se creyera “importante”:
 
“El decenio 1960-1970 fue testigo de la definitiva consagración internacional de Madariaga como uno de los fundadores contemporáneos del proyecto político europeo. Fue elegido académico de la Academia de Ciencias Morales y Políticas de París (1960), recibió el Premio Europa de la Fundación Hans Deutch de Suiza (1964), fue homenajeado en La Sorbona por Raymond Aron, Jean Cassou y Charles V. Aubrun (1964), se le designó para inaugurar el Festival de Salzburgo (1966), recibió el doctorado honoris causa por Oxford (1966) y el Premio Goethe (1967). Esta sucesión de reconocimientos culminaría con la concesión en 1973 del Premio Carlomagno: Madariaga fue el primero en recibirlo sin poseer la condición de jefe de Estado. Asimismo, en numerosas ocasiones fue candidato al Premio Nobel.”
 
Por tanto la aguda e informada visión de Madariaga cómo testigo de época es un elemento de gran interés para ver la evolución de Largo Caballero.
 
 
Como toda persona, el recorrido vital de Madariaga fue cambiando, y no fueron sus visiones políticas coherentes siempre con pensamientos previos.
Todo ser humano se va adaptando a  la evolución de las circunstancias políticas, y eso por tanto significa incoherencias y contradicciones en todos los personajes que uno pueda evaluar.
 
Pero en el caso del dirigente madrileño del PSOE y de la UGT Francisco Largo Caballero son auténticos bandazos.
 
 
1924-1929 Largo Caballero cómo Consejero de Estado de la Dictadura de Primo de Rivera, y defensor de la obra de la Dictadura.
 
El perfil biográfico elaborado por la Real Academia de la Historia por Juan Francisco Fuentes Aragonés refleja la complejidad del recorrido vital de Largo Caballero, y permite comprender porqué un socialista marxista como él se sintió tan cómodo en el sistema corporativo establecido durante la dictadura del General l Miguel Primo de Rivera (1923-1930) durante los últimos de Alfonso XIII.
 
 
Desde 1924 Francisco Largo Caballero era Consejero de Estado cuando España era gobernada por un directorio Militar:
 
“Su apuesta por la colaboración con el régimen se había solemnizado con su aceptación del cargo de consejero de Estado por Real Orden firmada por Alfonso XIII en octubre de 1924, aunque oficialmente su nombramiento como representante obrero procediera del Consejo Superior de Trabajo.”
 
Y es que la visión antiliberal de Francisco Largo Caballero de lo que debía ser la sociedad  hacía que se sintiera muy cómodo en el sistema de gobierno antidemocrático establecido por el general Primo de Rivera.
Según Fuentes Aragonés:
 
Su socialismo [de Largo caballero] se basaba entonces —y casi siempre— en lo que él llamó la revolución “de todos los días”, enfocada hacia el fortalecimiento de la organización obrera, la acción pedagógica sobre el proletariado y las reformas legales en pro de los trabajadores, todo ello con la UGT —más que el PSOE— como eje del movimiento socialista en España. Esta peculiar concepción del socialismo encontró una inesperada ocasión para su desarrollo en la política social del directorio instaurado por el general Primo de Rivera en septiembre de 1923. Caballero fue partidario de corresponder a las ofertas de colaboración que los socialistas recibieron del nuevo régimen y, en particular, de participar en los comités paritarios creados por la dictadura, cuya estructura, llegó a decir Largo Caballero en una conferencia, “se asemeja mucho a la de nuestra organización”.
 
 
Es decir, Largo Caballero creía en la obra de la Dictadura de Primo de Rivera con la que colaboró como Consejero de Estado, y defendía tanto su obra social como la omisión del derecho sufragio individual propio de las democracias: su visión era contraria a la democracia representativa, y así continuó siendo la postura de Largo Caballero el resto de su vida
 
La visión de Salvador de Madariaga sobre la actuación cambiante en estos años de Largo Caballero durante la dictadura es la siguiente:
 
“ Ya los socialistas, que bajó la dirección oportunista de don Francisco Largo Caballero se habían avenido a colaborar con la dictadura [del general  Miguel primo de Rivera 1923-1930] en condiciones que habían producido en muchos liberales honda oposición” .
 
 
Y es que la práctica en la historia demuestra que la coherencia en política es la menor de las virtudes observadas. Los cambios de opinión, vendettas y  desmentidos sobre posturas anteriores son la regla general, y no la contraria.
 
En resumen, Largo Caballero entre 1923 y 1930 no se puede considerar sino un apuntalador de la Dictadura del general Primo de Rivera, que pudo tener algunas virtudes, pero entre ellas no se considera la de ser “democrática”, ni defensora del derecho de sufragio individual.
 
Por lo tanto la supuesta postura de “luchador pro libertad” que defiende Pedro Sánchez, parece difícil de encajar en este periodo de 1923 a 1929 especialmente, antes de que retirara su apoyo al general Primo de Rivera.
 
La llegada de la Segunda República en Abril de 1931 supondría un nuevo cambio de actitud radical de un PSOE que se desangraría por dentro, siendo uno de los principales responsable de la deriva que arrastraría a la Guerra Civil de 1936.
 
 
 
1931-1933 El anti-republicanismo de Largo Caballero y la desestabilización del Gobierno de Azaña: el “Lenin español”.
 
El partido socialista de los años 1920 y 1930, posterior al fallecimiento del fundador Pablo Iglesias, tendría 3 figuras fundamentales: Julián Besteiro, Indalecio Prieto, y Francisco Largo Caballero.
 
La división entre sus tres figuras principales constituiría una incrementada fuente de inestabilidad de un sistema de por sí débil, puesto que desde el punto de vista jurídico  la Segunda República nació sin una verdadera votación sobre Monarquía o República. La llegada de la Segunda República, que se proclamó tras unas elecciones municipales, y su irregular inicio, sumado a las sectarias en medidas políticas, económicas, antirreligiosas y el desorden social causarían el desastre posterior, irremediable desde 1936.
 
 
Salvador de Madariaga describió así la situación del PSOE después de 1931, y su contribución a desestabilizar gravemente el nuevo régimen de la Segunda República:
 
“Desde sus primeros días, por lo tanto vino a encontrarse la República con su flanco izquierdo expuesto a los ataques de amigos peligrosos, quizá más peligrosos aún que sus enemigos”.
 
El partido Socialista de Largo tras haber apoyado la Dictadura del general Primo de Rivera fue un factor de inestabilidad del sistema republicano por su propia división interna:
 
“Es evidente que una formación marxista de carácter político pudo y debió ser uno de los más sólidos cimientos de la República; pero el partido socialista se hallaba hondamente de dividido.
Dos de sus adalides Prieto y Besteiro, eran partidarios de una política evolutiva en cordial colaboración de con los republicanos sinceramente deseosos del progreso social como Azaña[…]".
 
Y Madariaga responsabiliza plenamente a Francisco Largo Caballero de la deriva anti republicana del Partido Socialista:
 
“[…] mientras que el tercero, Largo Caballero, arrojando a los cuatro vientos en la ancianidad toda la prudencia política de que había hecho gala en la madura, llevaba a las juventudes socialistas hacia una revolución proletaria”.
 
 
Y como muestra de lo antirrepublicano del Partido Socialista durante la Segunda república (1931-1936) en general y de Largo Caballero en particular, afirma Madariaga:
 
“Es rasgo característico de este periodo de la historia de España, que los socialistas, y en particular los de Largo Caballero, siempre se negaron explícitamente a llamarse “republicanos” –actitud que hubiera sido incomprensible, por ejemplo, en León Blum”.
 
 
Insiste Salvador de Madariaga en responsabilizar plenamente a Largo Caballero de los ataques a Manuel Azaña entre 1931 y 1933, al mismo nivel que los ataques producidos desde la derecha:
 
“Desde la izquierda, el ala revolucionaria del partido socialista, capitaneado por Largo Caballero;  a la derecha más allá del partido radical de Lerroux, toda una extrema derecha donde en masa confusa se había apelotonado la paleta política de numerosos matices de la monarquía”.
 
Según Juan Francisco Fuentes Aragonés, tras la caída del gobierno de Manuel Azaña en Septiembre de 1933, y en la preparación de las elecciones de Noviembre y diciembre 1933, se consuma la total radicalización revolucionaria antidemocrática de Francisco Largo Caballero, y se le empieza a denominar el “Lenin español”:
 
“El 13 de septiembre de 1933, tras la caída del Gobierno Azaña, Caballero dio posesión del cargo de ministro de Trabajo a su sucesor, el radical Ricardo Samper. Su escalada verbal, en la que no faltaron alusiones a la dictadura del proletariado, continuó tras la disolución de las Cortes y la convocatoria de elecciones anticipadas, a las que los socialistas, coherentes con la nueva línea establecida por Caballero, decidieron concurrir en solitario, tras hacer un balance muy negativo de su colaboración con los partidos republicanos.
 
Fue en aquella campaña electoral, entre octubre y noviembre de 1933, cuando en los mítines socialistas empezó a ser aclamado como el “Lenin español”, un sobrenombre que surgió de las propias filas socialistas, aunque a su destinatario le acabó resultando incómodo y no tardó en desautorizarlo."
 
La deriva totalitaria y anti-republicana de Francisco largo Caballero se acentuaría tras la victoria de los partidos de centro y derecha en las elecciones de 1933, que comenzaría a gobernar en 1934.
 
 
1933-1934. La aventura totalitaria revolucionaria anti-republicana de Largo Caballero. Desoye Largo Caballero las advertencias de Manuel Azaña.
 
 
El resultado en las elecciones de noviembre y diciembre de 1933 había sido nefasto para todos los partidos que gobernaban entre 1931 y 1933. Acción Republicana, partido de Manuel Azaña había pasado de 30 diputados en 1931 a 5 en las elecciones de 1933.
El Partido Socialista pasó de 116 a 59 en 1933. La coalición de izquierdas pasaba de 282 a 96 diputados.
 
El partido mayoritario desde Diciembre de 1933 a Febrero de 1936 fue la CEDA  (Confederación Española de Derechas Autónomas), una coalición de partidos de derecha liderada por José María Gil Robles.
 
Y el mal perder de Largo Caballero amenazaría de forma severa -ya no a un gobierno como el de Azaña anteriormente  a 1934- sino al propio sistema Republicano.
 
Madariaga ve del modo siguiente la deriva de largo Caballero en 1933 y 1934:
 
“El árbitro de las Cortes nuevas era don Alejandro Lerroux. La izquierda, inquieta ante el éxito del señor Gil Robles, comenzaba ya por boca del señor Largo Caballero a amenazar con declararse en rebelión abierta”
 
 
El mecanismo mental y los desencadenantes de la revolución  de estilo bolchevique liderada por el partido socialista de Largo Caballero en Octubre 1934 es descrita por varios historiadores y testigos de época como un intento de evitar una deriva en España como la de Dollfuss en Austria.
 
 
Madariaga lo describe así:
 
“ Pero en la época que nos ocupa [1934], ya empezaban los españoles a saludarse los unos a los otros con la palma o con el puño. Los dos polos de la guerra Civil venidera iban ya estimulándose mutuamente, elevándose el uno al otro el tono, el calor, la electricidad.
 
Y es especialmente relevante la percepción por Largo Caballero –lo que no significa que fuera cierto ni aplicable para España-  de lo que estaba sucediendo en Alemania y en Austria en esas mismas fechas. Según Madariaga:
 
“La matanza de socialistas organizada por Dollfuss [Canciller de Austria] en Viena 12 de Febrero de 1934 había dado mucho que pensar a los socialistas españoles, ya entonces sugestionados por sus propios temores, hasta el punto de que habían llegado a ver en Gil Robles cierta semejanza con el diminuto canciller austriaco.”
Largo Caballero no ocultaba su intención de dirigir al pueblo a un ataque contra la República que, según él le había traicionado.
 
El gobierno [de centro derecha de la república apoyado por la CEDA y por el partido de Lerroux] consideró tan inminente el peligro que el Presidente del Consejo [del Gobierno] tuvo que desmentir la intención que se le atribuía de declarar ilegal al partido socialista [español].”
 
 
Es importante resaltar que las percepciones de Largo Caballero fueron estimuladas por su círculo de confianza. Fuentes Aragonés, en su completo perfil biográfico de Largo Caballero en el Diccionario Biográfico de la RAH atribuye al socialista Luis Araquistain, radicalizado en aquellos momentos también, la visión de un inminente golpe de derechas para imponer un sistema distinto a la República.
 
“Varias son las razones que se han aducido para explicar el “giro bolchevique” que Caballero y sus seguidores imprimieron a partir de entonces a la estrategia del socialismo español.
[1] - Una de ellas es su frustración ante el boicoteo que venían sufriendo sus reformas sociales, principalmente por parte de los terratenientes y de algunos cargos públicos republicanos.
 
[2]- La imparable tendencia a la radicalización de las masas proletarias y el desprestigio sufrido ante ellas por el gobierno a raíz del episodio de Casas Viejas le hicieron temer que se produjera un corrimiento de las bases del socialismo hacia posturas más extremistas que pudieran encontrar cobijo en la CNT y el PCE.
 
[3]- Conviene no olvidar tampoco la influencia que ejercía sobre él Luis Araquistáin, su principal consejero en aquel entonces, recién regresado de Alemania, donde había asistido como embajador español al derrumbe de la República de Weimar y a la subida del nazismo al poder ante la pasividad de la todopoderosa socialdemocracia alemana.”
 
En cualquier caso el propio Manuel Azaña intentó disuadir a Francisco Largo Caballero en Septiembre de 1934, pocos días antes de la insurrección revolucionaria anti-republicana de Asturias en la que participó el Partido Socialista.
 
Salvador de Madariaga cuenta así como se desarrolló la conversación entre dos personajes como Azaña y Largo Caballero, que eran conocidos por tener un gran ego:
 
“El 26 de Septiembre [de 1934] falleció en Barcelona el señor Carner, que había sido ministro de Hacienda con Azaña, y se trasladaron a Barcelona para asistir al sepelio casi todos sus ex colegas. En el tren, Azaña y Largo Caballero entraron en amistosa discusión sobre lo que se veía venir, y Azaña habló al jefe socialista de los peligros que su actitud rebelde implicaban para la República.”
 
La conversación entre Azaña y Largo acabaría de mala manera con el socialista perdiendo las formas:
 
“Largo Caballero se mantuvo en sus trece, y al fin a corto de argumentos  exclamó sobre poco más o menos:
´Pues tiene que ser, y déjeme que le diga, don Manuel, que ya comprometo bastante mi prestigio con solo seguir hablando con usted.’”
 
Con cierta sorna concluye Madariaga:
 
Ya para el revolucionario don Francisco venía a ser peligrosa ante las masas la compañía de un mero burgués como don Manuel
 
Y continúa Madariaga con su relato del aviso que le dio Azaña a Largo caballero sobre sus aventuras anti republicanas:
 
“Bueno, don Francisco. Usted va a necesitar de aquí en adelante todo el prestigio que tiene, y yo no quiero comprometérselo más.” Dijo y dio punto final a la conversación."
 
 
Octubre de 1934: Largo Caballero como organizador del golpe de Estado contra la República.
 
Tanto el perfil de Largo Caballero realizado por Fuentes Aragonés  como la visión de Madariaga sobre el golpe de Estado de Octubre de 1934 implican de forma clara y contundente a Largo Caballero:
 
Fuentes Aragonés en el   excelente  y ponderado  perfil del diccionario biográfico de la Academia de La Historia,  escribe lo siguiente:
 
“Su radicalización [de Largo Caballero] le consagró como ídolo de las Juventudes Socialistas y le aproximó a los comunistas, con los que inició conversaciones con vistas a una posible fusión de las dos organizaciones en un partido marxista unificado. Tuvo un especial protagonismo en los preparativos de la Revolución de Octubre de 1934, si bien en virtud de un acuerdo tomado por las ejecutivas del PSOE y la UGT negó cualquier responsabilidad en aquellos hechos.
 
Detenido por la policía en la madrugada del 14 de octubre, permaneció en prisión por espacio de trece meses. El 25 de noviembre de 1935 se inició la vista de su juicio en el Tribunal Supremo, que cinco días después ordenó su puesta en libertad por falta de pruebas.
 
Es decir, que aunque cubriera su huella criminal contra la Segunda República, todo el mundo sabía que era el artífice principal largo caballero de la insurrección totalitaria contra la República, que como buen marxista, según Largo Caballero, el derrocamiento de la república burguesa debía iniciarse con la Huelga General que derivaría en revolucionaria, para entonces instaurar una “Dictadura del proletariado”.
 
En este punto Salvador de Madariaga coincide con esta visión de la responsabilidad de Largo Caballero en el Golpe de Estado de Largo Caballero de Octubre de 1934:
 
“La rebelión tomó pronto un cariz triangular con vértices en Oviedo, Barcelona y Madrid. El de Madrid aunque dirigido por Francisco Largo Caballero resistió poco y el propio jefe del alzamiento cayó en manos del Gobierno el 14 de Octubre[…]. En Oviedo, donde la revuelta fue más popular, aunque sobre ella ejercía cierta dirección González peña, diputado socialista entonces del grupo de Indalecio Prieto, se luchó con más denuedo”.
 
 
Y para concluir este análisis de la actuación “republicana” de Largo Caballero o mejor dicho de demolición de la segunda república para instaurar una dictadura del proletariado mencionaremos el juicio demoledor que le mereció al republicano Salvador de Madariaga el proceder del Partido Socialista, y de Largo Caballero en particular:
 
El alzamiento de 1934 es imperdonable. […] El argumento de que Gil Robles [ líder del partido más votado en 1933 la coalición de derechas C.E.D.A] intentaba destruir la Constitución para instaurar el fascismo era a la vez hipócrita y falso.
 
Hipócrita porque todo el mundo sabía que los socialistas de Largo caballero estaban arrastrando a los demás a una rebelión contra la Constitución de 1931”.
 
 
Y se pregunta Madariaga escandalizado por la posterior propaganda socialista para justificar su Golpe de Estado a la Segunda República:
 
“¿Con que fé vamos a aceptar como heroicos defensores de la república de 1931 contra sus enemigos más o menos ilusorios  de la derecha a aquellos mismos que para defenderla la destruían?."
 
 
Conclusión: Largo Caballero Una figura indefendible desde el punto de vista de la democracia y de la libertad individual.
 
Marx y otros totalitarios de la historia cuyos postulados van reapareciendo cíclicamente en partidos que se bautizan de forma errónea como populistas o antisistema intentaron definir la democracia de forma cínicas, en las que se decía que la democracia no era poder votar y sustituir gobiernos o gobernantes, sino que se eliminaran las clases sociales….
 
Todo el mundo en 2020 debería saber que la Democracia en su sentido actual –las palabras a veces evolucionan en su semántica- verdadero, liberal , es la que da el poder al ciudadano como titular de derechos individuales, es la democracia poder elegir gobiernos en ciclos cortos de duración, que a su vez no destruyan las libertades con las que fueron elegidos.
 
Es triste ver como la simplicidad de pensamiento que las redes sociales y sus limitaciones a125 o 250 caracteres por mensaje están suponiendo en la evolución de la vida intelectual política en España y en el Mundo de este principio de siglo XXI.
 
En la España de 2020 sería bueno que personajes que guían las tácticas cortoplacistas – que no pueden llamarse estrategias- de los gobiernos actuales intentaran incluir un poco de honestidad intelectual en los que gobiernan, aunque tengan poca formación académica.
 
 
Iván Redondo –al que se considera el más relevante asesor del Secretario general del PSOE actual- debería intentar asesorar mejor a Pedro Sánchez en que los que creen que Largo Caballero fue un personaje gris, triste para la historia y para la democracia en España no son “ultraderecha”.
 
Salvador de Madariaga y su premio Carlomagno certifican que entre los republicanos hubo muchos detractores del que fue el mayor desestabilizador de la Segunda República: Francisco Largo Caballero. Fue por tanto en su conjunto pobre –o nula- la obra del líder de la UGT y del Partido Socialista en defensa de la libertad durante sus labores de gobierno…
 
De 1939 a 1946 rectificó Largo Caballero levemente sus totalitarios postulados, desencantado con lo que sabía de la Unión Soviética, a la que sin embargo había intentado “vender” las Juventudes Socialistas” unificándolas con las del Partido Comunista al servicio de La URSS.
 
A diferencia de Indalecio Prieto, que tuvo una clara y contundente rectificación entre 1939 y su muerte en 1962 de la deriva antidemocrática y liberticida del Partido Socialista de la Segunda República, Francisco Largo Caballero no puede en ningún pasar a la historia como un defensor de la Democracia ni de la Libertad.
 
El discurso de Largo Caballero de supuesta “defensa del trabajador” era opuesto a los medios políticos que para ello utilizó, procediendo a cercenar su libertad. No atendió a las recriminaciones de Azaña por pretender destruir la segunda república, y acabó vendiendo a las Juventudes del PSOE al Partido Comunista al servicio de Moscú.
 
La actuación política de Largo Caballero durante la Guerra Civil, dentro del bando republicano no merece tampoco ninguna defensa como supuesto protector de la libertad, puesto que bajo su función como presidente del Gobierno, las milicias socialistas, las milicias comunistas y las milicias anarquistas procedieron a asesinar de forma sumaria a decenas de miles de españoles en la zona bajo su control, sin que mostrara ninguna defensa de los asesinados, ni persecución de los verdugos, tal y como demuestran los archivos de la Audiencia Territorial de Madrid, donde ni unos solos de los asesinos fueron detenidos durante su mandato –las causas fueron archivadas en un 99,9% de los casos denunciados por los familiares de las víctimas-.
 
 La leve rectificación de Largo Caballero de los meses previos a su muerte en 1946 no puede opacar lo que fue el grueso de su actividad de política centrada en destruir el sistema de la Segunda República.
 
Esperemos que los gobernantes actuales de este errático Partido Socialista del siglo XXI se instruyan un poco mejor (y también los que les escriben los mensajes en Twitter), y dejen de utilizar un lenguaje guerra-civilista “hipócrita y falso” –parafraseando el juicio de Salvador de Madariaga sobre el proceder del partido Socialista de Largo Caballero en 1934, y que cesen de pretender defender a figuras que arrastraron a España a la Guerra Civil de 1936-1939.
 
La inmensa mayoría de las personas cultas y decentes de España, ya sean de derecha, de centro o de izquierda que tengan un mínimo espíritu liberal y democrático, saben que no merece Largo Caballero ni una calle, ni una estatua, ni una defensa de un Secretario General de un Partido que se diga “democrático”, ni tampoco que la Fundación del PSOE lleve su nombre en ninguno de sus apartados si es quieren que los “otros” tampoco la puedan llevar.
 
Otra cosa es que se pretenda homenajear a los mediocres que con su cerrazón intelectual y desde el dogmatismo –propio de época del primer tercio del siglo XX- pretendieron aniquilar a aquellos que les incomodaban en su acceso al poder, y destruir un sistema mínimo de contrapoderes y convivencia. Ahí sí tendría derecho Largo Caballero a ser defendido por un Secretario General del Partido Socialista.
 
Aunque a las nuevas generaciones nacidas en el siglo XXI cada vez les suena más a “batallita” lejana la Guerra Civil española de 1936-1939 (casi al mismo nivel que las Guerras Civiles Carlistas del siglo XIX), normalmente se suele considerar que es bueno conocer la historia para aprender de los errores pasados. En este sentido los primeros 20 años del siglo XXI están siendo un momento de retroceso político e intelectual, con la rediviva defensa de los antiliberalismos, y en particular con el retroceso del conocimiento de los hechos de la Historia a través de la loa de algunos personajes como Largo Caballero que no la merecen, con la consiguiente una merma de la idea de lo que es la verdadera “libertad”…
 
Esperemos que lo poco que queda del PSOE europeísta, social-demócrata y defensor de la libertad, no quede diluido en el “superficial tacticismo”  del discurso que está adoptando el partido Socialista desde que en 2019 pactó con los comunistas y los nacionalistas periféricos  para mantener un gobierno en el que sus miembros tienen  unos conceptos totalmente excluyentes de lo que significan la libertad y la democracia.
 
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Nicolás López de
12/10/2020
El Nefasto Largo Caballero.
Magnífico resumen del personaje Largo Caballero. Gonzalo Fernández de Navarrete y González Valerio sigue siendo un magnífico historiador. Enhorabuena.
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