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El "eterno retorno" ideológico

¿Gobiernos Frankenstein en Italia y Grecia?

El ser humano vive en el perpetuo espejismo de lo que le ocurre en el presente es "único", "irrepetible", o el tan manido adjetivo "histórico". Sin embargo en el pasado han sido muchos los autores que han analizado la cercanía ideológica entre partidos para gobierno hoy se comunican como insólitos –veánse Grecia desde 2015 y el nuevo gobierno Italia en 2018 .

Actualizado 11 julio 2018  
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Gonzalo Fernández de Navarrete González Valerio
  
En estos últimos días se ha confirmado en Italia el pacto entre dos partidos aparentemente antagónicos: el partido 5 Estrellas, que presenta un carácter marxista-populista identificado como de “socialista de izquierdas”  y La Liga Norte, que se presenta en los medios como de “derecha nacionalista  e independentista” para la región norte de Italia.
El Diario.es titulaba así:
“El Movimiento 5 Estrellas y la ultraderecha de la Liga acuerdan un pacto de Gobierno en Italia”
Así lo describía el periódico 20 Minutos
“El Movimiento 5 Estrellas (M5S) y la Liga han cerrado ya un contrato de Gobierno definitivo. Un documento sin precedentes en Europa basado en dos programas electorales de corte antiestablishment, soberanista y euroescéptico. 58 páginas y 38 puntos clave que van desde la expulsión de inmigrantes irregulares a la bajada de impuestos radical con una suerte de tarifa plana de IRPF, la introducción de una renta básica de ciudadanía de 780 euros mensuales (medida estrella del M5S), pasando por subvenciones para guarderías solo para familias italianas.”
 
En 2015, hace más de 3 años, en Grecia  se producía el pacto partido de inspiración marxista populista llamado Syriza pactaba con el partido de derecha nacionalista antiliberal  Griegos Independientes .
 
El Diario argentino La Nación titulaba:
“Tsipras asumió en Grecia con una inusual alianza con la derecha nacionalista”
 
El mismo artículo consideraba a continuación:
“El único punto de coincidencia de la coalición de ultraizquierda Syriza con ese partido populista de derecha es su oposición al severo programa de austeridad impuesto por la troika.”
 
Para continuar bajo esas líneas La Nación enumeraba o todas las medidas que iban a aprobar conjuntamente.
 
“Los primeros actos de su gobierno serán, probablemente, aumentar el salario mínimo a 650 euros; mejorar los ingresos de los pensionados; facilitar el acceso de los desocupados a los servicios elementales de salud; restablecer el suministro de energía eléctrica a quienes tienen el servicio cortado; crear de una tarifa especial para los combustibles destinados al consumo doméstico y a la calefacción; distribuir cupones alimentarios para las familias más necesitadas, y reducir los precios del transporte público.”
 
 
Y es que los antiliberalismos de izquierda y derecha tienen muchos comunes en esa visión de un estado supuestamente “protector”,  “orgánico”en su representatividad de “el pueblo”, dónde el Estado suple al ser humano en su individualidad –y lo acaba aplastando...
 
Es cierto que a pesar de reivindicar “nuevas políticas” , no existe ninguna ideología “pura” ni novedosa: en el siglo XXI se puede afirmar que se acabó la utopía: todas las recetas son amalgamas de ideas y experiencias anteriores, muchas de ellas experimentadas desde hace más de 2500 años en la civilización greco-romana.
 
Ni siquiera el tan denostado “liberalismo” en sus formulaciones originarias propuso nunca la total no-intervención del Estado, tal y como se nos repite de forma incesante en el mundo,  desde las ideologías inspiradas en esa “religión sin Dios” que es el marxismo.
 
El libro de Adam Smith  publicado o en 1776 cuyo título resumido es “La Riqueza de las Naciones” consideraba fundamental la presencia del Estado en las siguientes áreas:
- Infraestructuras
- Educación
- Sanidad
 
Todo ello con el objetivo de cubrir los costes que tienen esas inversiones para cualquier estructura política, pero que en visión de Smith acabarían revirtiendo con posterioridad al bien común.
 
Y es que el antiliberalismo que se acentúa durante el siglo XIX como reacción al “racionalismo” liberal, acaba definiéndose en el principio del siglo XX en 2 movimientos principales presentados como contrapuestos:
 
Por una parte el marxismo-lenininismo , que “vende” una dictadura de un supuesto proletariado obrero, donde el derecho subjetivo es reemplazado por un derecho objetivo, inhumano ,  en el que el individuo se diluye en los derechos del grupo o del “pueblo"; dónde la hermandad no se circunscribe a un territorio concreto, sino a una hermandad internacional de trabajadores.
 
Por otra parte -y presentado como opuesto  al anterior-  está  el fascismo, que sin embargo comparte muchos elementos ideológicos. Añade el fascismo a ese socialismo marxista el componente nacional: los valores marxistas se han de aplicar en un territorio concreto, y uno de los elementos principales es la recuperación de una grandeza histórica del Imperio Romano que se perdió con la historia, en parte por la aceptación de los principios ilustrados del siglo XVIII que derivaron en el liberalismo del principio del siglo XIX, con su democracia representativa censitaria inicial.
 
Mussolini fue el creador de la ideología fascista que mezcla socialismo y nacionalismo. Hitler –que en sus orígenes fue un marxista convencido aunque luego se esforzara en hacer olvidar ese pasado desde que escribió su libro Mein Kampf- adoptará este modelo Mussoliniano. Hitler  lo denominará  en Alemania“Partido Nacional Socialista de los Trabajadores Alemanes” , abreviado por muchos -quizás de forma no tan casual-  como “Partido Nazi”.
 
Y es que Lenin, veía que la herejía escindida del movimiento marxista-leninista podía tener éxito, ya cavar compitiendo con la “religión verdadera” que él representaba. Lenin no aceptó la salida de Mussolini del movimiento marxista italiano para fundar su movimiento marxista.
 
Para algunos la animadversión de Lenin hacia Mussolini en los años 20 del siglo pasado se debe más a la rivalidad personal y a la lucha de egos que a una verdadera oposición ideológica.
 
De hecho, las diferencias ideológicas entre marxismo y fascismo no son mayores que entre el marxismo y el anarquismo de Mijail Bakunin. En el caso del marxismo y el anarquismo se reconoce por la historiografía sin problema el origen común de ambos movimientos. La 1ª Internacional consumaría la escisión en dos corrientes:  en el congreso de Asociación Internacional de Trabajadores (AIT)  de la Haya en 1872, Karl Marx promovió la expulsión de Mijail Bakunin y de su movimiento “libertario” de la estructura marxista de la Internacional socialista. 
 
El falangismo como rama española del fascismo
Ernesto Giménez Caballero fue uno de los 3 ideólogos principales del fascismo español -denominado falangismo- junto a José Antonio Primo de Rivera y Ramiro Ledesma.  Los tres ideólogos presentaban divergencias teóricas bastante importantes sin embargo en la posguerra el “movimiento nacional” no fue más que parcialmente falangista, dada la amalgama de ramas ideológicas y familias que contribuyeron  al andamiaje del nuevo sistema económico político, muchos de ellos contrapuestos, como el carlismo, la ACNdP, el falangismo y un disperso antiliberalismo centralista de derechas no falangista que sin embargo era capitalista en su pensamiento económico.
 
 
Los dos primeros – José Antonio Primo de Rivera y  Ramiro Ledesma fueron asesinados en los primeros meses de la Guerra Civil en 1936. Giménez Caballero vivió los años de la Transición española (1975-1980) y pudo seguir aportando con sus artículos la vinculación originaria entre las ideologías de la revolución leninista de octubre de 1917 y los gobiernos mussolinianos.
 
 
Giménez Caballero describía así en 1977 en el diario ABC, cómo vivió Lenin la creación del fascismo por el que anteriormente denominaba “nuestro hombre en Italia” : Benito Mussolini. 
Este texto está escrito en pleno auge del “Eurocomunismo” de los años 70 del siglo XX, en lo que Giménez Caballero veía como una nueva embestida para dominar Europa:
 
“[…] Europa no es apta para doctrinas tan antiliberales como la comunista. Repitiéndose lo que acaeció tras la primera guerra mundial del 14: cuando la Rusia de Lenin, como ahora la de Breznef,  se disponía a comunistizar Europa. […]
Entonces un marxista italiano -obrero y campesino- de puño cerrado y camisa roja advirtió, que su mano se le iba abriendo hasta saludar a la romana, y el rojo de la camisa […] se le tenía de negro, a lo Vaticano. Y sus creencias socialistas se le erizaban de críticas antiortodoxas. Por lo que Lenin, muy inquieto increparía a sus camaradas de partido:  “¿Pero cómo habéis dejado escapar a este hombre  de nuestras filas? Estoy seguro que con sus nuevas ideas hará peligrar un día  el marxismo? “
 
 
Giménez Caballero consideraba que el marxismo-leninismo o comunismo es más antiliberal que el fascismo, no asimilando totalmente sus ideologías. Sin embargo Caballero dejaba  meridianamente claro el origen ideológico común de marxismo y fascismo.
 
 
Los puntos comunes de Marxismo y Fascismo
Y es que Marxismo y Fascismo no son más que una escisión del mismo modelo político y económico entre los que destacan las coincidencias siguientes:
- Limitación de los derechos individuales políticos: como modelo preferido se utiliza el plebiscito manipulado como modo de refrendo público cuando se ha de solicitar al apoyo al pueblo, pero aún mejor es no someter nada a la voluntad popular si es posible.
 
- Centralización económica con dificultad de la iniciativa económica privada. Expropiación de empresas privadas para nacionalizarlas y que sean “del pueblo”
 
- Incremento del gasto público para sufragar políticas de subvención y subida de los subsidios.
 
Esta visión común del Estado como centro de la economía, con sus planes quinquenales en el caso soviético y los planes de desarrollo autárquico fascista son elementos de común procedencia antiliberal
 
Los efectos en las cuentas nacionales, en el déficit público, en la depreciación de la moneda y en la capacidad adquisitiva también son comunes en ambos sistemas.
 
 
Un déficit presupuestario que genera inflación y por lo tanto pérdida de poder adquisitivo.
Y es que las leyes macroeconómicas son inmisericordes con los esos “filósofos” de la ideología que son más famosos por su dogmatismo y su fanatismo que por su conocimiento y su formación económica. El seguir a Marx – un hombre que no pudo nunca comer de sus escritos filosófico económicos-  o a las doctrinas autárquicas de la derecha nacionalista antiliberal han supuesto que los países que han aplicado el antiliberalismo más radical  en su vertiente económica hayan acumulados atrasos que con posterioridad es muy difícil de recuperar en tiempo.
 
Y es que el problema es que el ser humano está preparado para no ser feliz nunca.
Su superioridad planetaria sobre otras especies proviene de esa programación que incita permanentemente a superarse.
En lo técnico ese progreso es más fácil de observar en los últimos dos siglos en los países occidentales que en lo político.
 
Y el tema es que en un mundo globalizado hay algunos que han observado que la combinación de antiliberalismo político y económico supone atraso automáticamente. La China de Deng Xiao Ping salió de ese bucle de antiliberalismo político y económico al mismo tiempo. La China de Deng Xiao Ping  -por primera vez en el mundo anarco-marxista- combinó un antiliberalismo político con un modelo mixto capitalista en lo económico –hay que recordar que la presencia pública en educación, infraestructuras y sanidad, así como la de ciertos monopolios de Estado en hidrocarburos electricidad y otros sectores estratégicos también es propia del liberalismo capitalista económico.
 
 
Y es que hoy en día hemos dejado de oí hablar de Grecia porque no ha podido aplicar sus políticas económicas antiliberales de déficit público que hubieran supuesto una inflación automática en otro entorno económico que ni fuera el de la moneda única
 
 
En un sistema con moneda nacional ese incremento del gasto público con un fuerte desequilibrio de Ingresos y gastos, un desequilibrio que tiene necesidad de ser financiado con endeudamiento público, supone siempre una fuerte inflación, por lo que la moneda nacional se depreciaría automáticamente.
 
Además el tipo de interés que pide el prestamista –sea la institución que sea- y que se sustancia en la ya conocida  “prima de riesgo” se eleva tanto por la falta de confianza del que presta en que lo vaya a poder devolver el gobierno en cuestión, que se encarece tanto el tener déficit presupuestario que puede acabar siendo inasumible por la economía nacional, llegando a un “corralito” o falla del sistema financiero, donde la moneda nacional puede llegar a depreciarse tanto que puede llegar a no valer nada.
 
Es decir,  que lo que el general Juan Domingo Perón  y su justicialismo antiberal pretendía en Argentina de “darle más al pueblo”, subiendo salarios de forma permanente, incrementando su déficit presupuestario y aprobando subvenciones y subsidios, se transformó en un círculo vicioso dónde la depreciación de la moneda y los intereses de la deuda se “comieron” la recaudación de impuestos.
 
Ese hábito del justicialismo ha creado un círculo vicioso que dura decenios en Argentina, dónde incluso los ciclos de gobiernos que pretenden salir de ese círculo vicioso inflacionario, tienen las manos atadas al no poder equilibrar ese déficit perpetuo que genera inflación, y ver como la moneda nacional no cuenta con la confianza de su población tras las experiencias recurrentes de depreciaciones y “corralitos”   
 
Es por lo que finalmente en todos los países antiliberales el poder adquisitivo de los ciudadanos nacionales se deteriora de forma automática, en todos los países y siglos donde se hayan aplicado estas políticas de déficit de los presupuestos públicos. “Darle más al pueblo” es siempre finalmente darle menos por la depreciación de la moneda y pérdida del poder adquisitivo, pero psicológicamente parece que “funciona” para mantener el poder a pesar del mal gobierno.
 
En los países del telón de acero dominado por la URSS, esas políticas antiliberales  no se veían tan claramente en una depreciación de la moneda y en una inflación, al ser las monedas de los países del bloque comunista prácticamente inconvertibles en divisas. El efecto fue la falta total de iniciativa privada por la estatalización de todo el sistema productivo, la falta de producción de bienes de consumo y la escasez de alimentos, todo ello agravado por el peso enorme de los presupuesto militares , que en muchos de los países  alcanzó más de un tercio del Producto Interior Bruto nacional. Enfin: un desastre en el que los “proletarios” iban a lacanzar la “libertad” –obejtivo inicial de Marx y Engels con sus “cuentecitos de hadas” pseudo filosófico-milagrosos  titulados El Capital  y el Manifiesto Comunista .
 
La Unión Europea era un freno a los antiliberalismos políticos y económicos. No sabemos si lo seguirá siendo.
 
En la actualidad, en el siglo XXI, en los países que accedieron a la Unión Monetaria del Euro no existe posibilidad de depreciación de la moneda, al ser una moneda común a varios países. Por lo tanto los déficits presupuestarios elevados como los que tuvieron Grecia, Italia y la España –de un pseudo Keynesianismo mal entendido de un hombre muy poco preparado como José Luis Rodriguez Zapatero - derivarían de mantenerse de forma prolongada en el tiempo en una caída de la moneda común –el  Euro- si no se equilibraran los presupuestos de todos los países con moneda común.
 
Es por ello que se han tenido que apretar el cinturón desde 2008 los países con mayor déficit, reduciendo el gasto público en relación con lo recaudado. La caída de la recaudación  de impuestos  por la caída de la actividad económica privada desde 2008 impuso disminuir los gastos de las administraciones públicas: Gobierno Central,  Regiones y Ayuntamientos.
 
Ha sido la famosa “austeridad” denunciada por los Syrizas, Podemos, Frente Nacional, UKIP etc… Movimientos tanto de derecha como de izquierda pero siempre antiliberales. Sin embargo la “austeridad” era la única posibilidad para compensar la caída de la recaudación de impuestos por la caída de la actividad económica tras una de las cíclicas crisis de sobreendeudamiento habituales en el sistema capitalista –una de las pocas circunstancias que en sus escritos Marx había podido comprender de la economía-.
 
Sin embargo se equivocaba Marx en su profecía de que vendría una crisis capitalista tan grave que acabaría con el sistema: sería el fin de prehistoria, una profecía del fatalismo, un “milenarismo” tan propio del ser humano que parecía evidente que estas nuevas plagas bíblicas refundadas no podían no ser ciertas.   
 
Sin embargo los múltiples fieles de los marxismos en sus derivaciones siguen creyendo que llegará ese apocalipsis, tal y como lo creyeron en 1929, lo volvieron a creer en 2007.  Los regímenes totalitarios de los años 1920 y 1930 en Europa fueron en parte una reacción al anterior sistema que consideraban fracasado.
 
En estos dos primeros decenios del siglo XXI, la anteriormente denominada Comunidad Económica Europea -transformada con posterioridad en Unión Europea- ha pasado a ser observada como un ente en el que el progreso no está garantizado.
                                 
El “espíritu de los tiempos”  – que puede ser definido como la neura común por la que una corriente de pensamiento inicialmente minoritaria pasa a ser dominante entre los seres humanos- está pasando a considerar el ente europeo como inadaptado a los nuevos desafíos .
 
Pues bien, el espíritu de los tiempos  de este principio del siglo XXI se asemeja al pensamiento que se produce en el mundo hace 100 años, con la crisis de identidad finisecular del siglo XIX, tras casi 100 años de liberalismo político y económico en la mayoría del mundo occidental, que dio lugar a la consagración de ideologías antiliberales en el primer tercio del siglo XX.
 
Retomando a Giménez Caballero en su análisis de la propuesta del eurocomunismo de 1975 que representaban una asunción de parte de la ideología nacionalista por líderes comunistas europeos como Enrico Berlinguer –un noble italiano que se puede asemejar en su evolución ideológica a Nicolás Sartorius- , el partido comunista francés Georges Marchais, y el reinevntado como “patrio” Santiago Carrillo. Afirmaba el filósofo falangista Giménez Caballero en 1977:
 
“Con esto no quiero decir que Breznef sea otro Stalin. Y su amonestado y escapista español otro Duce. Como tampoco lo son, por ahora,  para sus respectivos países europeos un Berlinguer o un Marchais, aunque los tres se encuentren en parecidas andadas al no saber explicar- como tampoco pueden sus contradictores- lo que les está acaeciendo”.
 
Y es que yo tampoco quiero decir que los partidos marxistas populistas actuales como Syriza, o el Movimiento Cinco Estrellas sean ni puedan ser como el partido comunista de Lenin, ni que los partidos nacionalistas de ultraderecha como la Liga Norte  o el partido Griegos Independientes sean exactamente igual que el partido fascista.
 
Lo que sucede es que han edulcorado parcialmente –por obligación de estar en la Unión Europea, donde todavía dominan -por poco margen y no se sabe si por mucho tiempo- los partidos demócrata-cristianos y socialdemócratas: es decir los representantes del liberalismo político.
 
Sin embargo las muestras de tolerancia con los antiliberalismos, anarquismo, ocupaciones y nacionalismos  antiliberales  que está teniendo una  Unión Europea donde los partidos que la fundaron son preocupantes.
La maquinaria publicitaria y propagandista que vivimos los que crecimos en los años de finales del siglo XX parece que ha desaparecido de Bruselas, acomplejada por los efectos de la crisis cíclica de 2007.
 
Y reaparecen entonces los herederos de los sistemas totalitarios ya experimentados en el siglo XX. Que el sistema “nuevo- antiguo” a implantar sea económica y políticamente restrictivo de los derechos existentes es secundario….
 
Lo acaecido en Grecia, Italia, y en alguna región española en estos últimos tres años con gobiernos “Frankenstein”, dónde el único objetivo es derribar las estructuras de libertades existentes, con una plasmación de pactos donde el antiliberalismo económico y político está surgiendo, dónde se producen pactos entre marxismos, anarquismos y nacionalismos de derecha, es una muestra de que los puntos de origen común reaparecen con el paso de los decenios en estas escisiones ideológicas de movimientos ya experimentados en el siglo XX.
 
Giménez Caballero no lo había descartado en 1975 con el surgimiento del Eurocomunismo y sus puntos de conexión con su “Estado Orgánico”  de inspiración mussoliniana y nacionalista.
 
Todo ello demuestra que con tal de acabar con el sistema existente, hasta Mussolini y Lenin pueden reconciliarse….
 
 
 
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