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Indicios de que tu hijo puede estar siendo víctima de ciberacoso

Empieza septiembre y con él, el curso escolar 2021/2022. Los menores vuelven a las clases presenciales y con ello, la alegría de volver a juntarse con sus compañeros de clase. Aunque para algunos niños, este escenario más que de ensueño, se torna en pesadilla por culpa del acoso escolar. Uno de cada cuatro casos se produce a través de Internet. 

Actualizado 12 septiembre 2021  
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Redacción Ocio
  
Una tendencia al alza durante el confinamiento de 2020, debido a la obligatoriedad de las clases virtuales.  Denominado ciberbullying, este tipo de hostigamiento va en aumento de forma proporcional a la edad, según un informe de la Fundación ANAR (Ayuda a Niños y Adolescentes en Riesgo).
Los 13 años son una edad clave en la que hasta el 36,5% de los casos de bullying son por ciberacoso. Además, a pesar de que el porcentaje de víctimas de acoso, dividido entre sexos, está más o menos igualado, al observar las cifras de su modalidad digital, el 70% de las víctimas son chicas. El ciberacoso suele comenzar entre los 8 y 9 años, revela un estudio de Save the Children y además, en la mayoría de casos el acosador es un compañero del colegio.

El ciberbullying es un grave problema de acoso social que afecta a niños y jóvenes de todo el mundo, ya que ocurre a través de Internet, accediendo desde un ordenador o un dispositivo móvil. El Observatorio INTECO, dedicado a estudiar la relación de las personas con las nuevas tecnologías de la información y la comunicación (TIC), define este tipo de hostigamiento como acoso entre iguales en el entorno TIC, incluyendo insulto, vejaciones y chantaje de niños a otros niños, o entre adolescentes. Esta definición es clave para no confundir el término con otro tipo de acoso como el grooming, que ocurre entre adultos y menores.
Este tipo de intimidación tiene lugar a través de aplicaciones de mensajería, correos, redes sociales e incluso videojuegos, tiene unos rasgos comunes: incapacidad de percepción del daño causado a la víctima, anonimato tras el que resguardarse y roles digitales autoimpuestos. “Se podría decir que el ciberbullying se ha vuelto un complemento del acoso que reciben los menores en las aulas” señala Hervé Lambert, Global Consumer Operations Manager de Panda Security. Igualmente, los motivos más señalados según las víctimas de acoso, son por: el físico, gustos y hobbies, venganza, buenas notas, poder adquisitivo, color de piel, religión, cultura u orientación sexual.

La facilidad de acceso a Internet ha cambiado los hábitos de comportamiento de la sociedad. Mientras que a partir del año 2000, en Internet se empezaban a crear los primeros foros que servían como red de apoyo y escape para jóvenes que sufrían acoso escolar en las aulas, en la actualidad, el acoso llega hasta por estas vías, dejando a los menores acorralados frente a sus agresores.

Luchar contra el acoso presencial es algo que se lleva intentando durante años con campañas de concienciación, formación para el profesorado y educación en las aulas, a pesar de ello, sigue presentando cierta dificultad sobre todo en cuanto al control. “En los casos de ciberbullying, herramientas como Panda Dome Family, son el mejor aliado para los padres o tutores que sospechan de que el menor está sufriendo ciberacoso o simplemente para añadir un extra de protección y evitarlo” apunta Lambert. Este sistema de control parental ha sido concebido para evitar los riesgos que hay en Internet y para prevenir situaciones peligrosas en el mundo real. También ha sido diseñado para concienciar a los menores de los usos negativos que pueden dar a sus smartphones, al tiempo que sirve de herramienta de monitorización para los padres. De este modo, obtienen un conocimiento certero de lo que están haciendo sus hijos en todo momento, lo que facilita la tarea de detectar situaciones problemáticas o a evitar.

Señales de alarma para los padres o tutores
•    Un menor que sufre ciberbullying puede llegar a manifestar síntomas físicos como: trastornos del sueño, dolor abdominal, diarreas, vómitos, fatiga, cefalea, pérdida de apetito, neurosis, depresión, ansiedad o vértigos. Incluso su lenguaje corporal cambia, comenzando a caminar encorvado de hombros y con la cabeza gacha.
•    También puede sufrir alteraciones en su estado de ánimo y en su psique como: baja autoestima, conductas autodestructivas como autolesiones, pensamientos suicidas, tendencias obsesivas en cuanto a la conexión Internet (desarrollando fobia s su uso o conectándose de forma compulsiva) y cambios de humor. El menor puede sentir tristeza o indiferencia ante cosas que antes le motivaban, mostrarse agresivo sin motivo ni justificación, además de presentar una actitud tensa ante su entorno más cercano.
•    Otro de los cambios delatores es el de los hábitos, dejando de comer o comiendo de forma obsesiva, abstención escolar buscando excusas o directamente escapándose de las clases y apartando actividades extraescolares de las que antes disfrutaba. También puede sufrir un descenso repentino del rendimiento académico y falta de concentración.
•    Los padres o tutores pueden sospechar si el menor hace un cambio radical en sus relaciones habituales, por ejemplo, si ya no va con sus amistades de siempre, deja de acudir a fiestas de cumpleaños y otros eventos con los compañeros de clase, no quiere salir del domicilio, se vuelve reservado y evita la conversación o reacciona de forma desmesurada a una broma.
•    Otras señales son, por ejemplo, que en los recreos y momentos en los que comparte espacios con sus compañeros, con menos supervisión adulta que en clase, puede tender a buscar lugares apartados y solitarios. También, que el menor presente lesiones físicas inexplicables o que su ropa o pertenencias estén deterioradas sin explicación.


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