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Un "salvajismo" arquitectónico que se repite

La lucha de Madrid contra la monumentalidad

El pasear por Madrid nos muestra cómo se siguen destruyendo algunas de las vistas más monumentales que poseía la ciudad. Es sorprendente observar cómo la mayoría de ciudades de España han progresado en estos últimos decenios para hacer unas ciudades más monumentales, preservando su historia, al mismo que construían atractivas nuevas edificaciones en zonas degradadas como el rio Turia en Valencia o la Ría en Bilbao.

Actualizado 18 octubre 2017  
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Gonzalo Fernández de Navarrete G.V
  



Mientras la capital de España se obceca en destruir y tapar lo que debían ser sus partes más monumentales.
 
A la izquierda de la imagen sobre estas líneas se observa la vista de la Catedral de la Almudena que se podía apreciar paseando por la Cuesta de la Vega y por el parque de Atenas hasta hace apenas 3 años. Era una vista monumental, de una Iglesia como la Almudena que si bien no fue concluida con arreglo a las dimensiones y proyecto inicial, por fuera por lo menos no desentonaba en exceso con la grandeza del magnífico Palacio Real de Madrid. Por dentro la Catedral fue acabada con prisa, sin un proyecto claro y sin decoración acorde a una Catedral,  para que la inaugurara en 1992 Juan Pablo II. Por lo menos en su construcción exterior, el edificio de la Almudena cumplía su función de no espantar al turista y de no deteriorar el entorno.
 
A la derecha de la imagen una foto tomada esta misma semana de las obras del Edificio del Museo de las Colecciones Reales casi concluidas. Este museo se ha edificado ocupando parte del terreno de los jardines del Palacio Real denominados Campo del Moro, y también un terreno cedido por el Arzobispado de Madrid para extender ese edificio hasta la parte delantera de la Catedral de la Almudena.
 
Es “impresionante” el “diálogo” de los dos edificios, la Catedral y el bloque de hormigón. El nuevo edificio es un mamotreto de hormigón revestido por una piedra gris oscura, que en nada se parece a las piedras utilizadas en la construcción de la Almudena. El nuevo museo ni siquiera mantiene  los colores de la piedra propios del Palacio Real cuya piedra dominante es mucho más clara. Ese bloque del museo -carente de atractivo alguno-  oculta totalmente la que fue una de las mejores vistas de la catedral de la Almudena y de Madrid.
 
Solo se pudo observar esa magnífica vista de la foto de la izquierda entre 1992 -en que fue concluida la Catedral en sus partes externas-  y el año 2014 en que se levanta la estructura del Museo de las Colecciones Reales. La falta de criterio y lo que he dado en denominar “la lucha contra la monumentalidad de Madrid” acabaron con esa perspectiva que merecía ser protegida y conservada.
 
El objetivo de esa edificación denominada “Museo de las Colecciones Reales” es loable, pues es para ampliar el espacio para exponer las fastuosas y numerosas colecciones de Patrimonio Nacional que se encuentran apiladas en salas del anejo Palacio Real sin posibilidad de ser vistas. Merecen un espacio para ser admiradas sin duda. Lo triste ha sido la ejecución del proyecto.
 
Se convocó un concurso que fue ganado por el estudio de arquitectura denominado “Mansilla y Tuñón”. El proyecto no podía ser más desafortunado.  En vez de intentar integrarse en un espacio tan singular compuesto por los jardines del campo del Moro, y la explanada de la plaza de la Armería, el proyecto es un auténtico bunker que no aporta nada al conjunto.
 
El proyecto arquitectónico aprobado podía no haber sobrepasado en ningún momento la línea de la altura de la plaza. El haber respetado en sus alturas una proporción hubiera impedido que el nuevo edificio restara vistas en sus perspectivas a lo que era un conjunto armónico y magnífico de Palacio y Catedral. No ha sido así.
 
Desgraciadamente la “guinda”  vino en la zona de la cuesta de la Vega. En vez de “dialogar” verdaderamente, y permitir a través de la construcción de un edificio que hubiera sido  mucho más bajo en su altura el que se siguiera viendo la Catedral desde el parque junto a la Cuesta de la Vega, se ha construido un mamotreto que tapa totalmente la que fue una vista de las más bonitas del conjunto de la Cripta y la Catedral.
 
¿De verdad alguna de las instituciones de Patrimonio que permitió esa construcción cree que la estética de Madrid ha mejorado con ese bunker?
 
No son mejores los gestores del Patrimonio Nacional ni de los entes del Ayuntamiento y de la Comunidad de Madrid que han permitido esta tropelía que aquellos que en los años del desarrollismo del siglo XX - los decenios de 1960 y 1970- permitieron la destrucción de múltiples palacios en el eje Prado-Recoletos-Castellana. De hecho este “salvajismo” arquitectónico renovado en el siglo XXI muestra muchos puntos de conexión con la destrucción del Palacio de Xifré frente al Museo del Prado, para edificar un monstruo pobretón de ladrillo de proporciones desmesuradas como el Ministerio de Sanidad.
 
Tampoco se puede obviar la destrucción en la plaza de Colón del palacio  del duque de Uceda y la urbanización de sus jardines, para construir el espanto granítico del Centro Colón. Unas auténticas desnaturalizaciones y destrucciones del entorno que muchos creíamos no se repetirían en Madrid 50 años después. No ha sido así. 
 
Los arquitectos que proponen estos proyectos están en su derecho de propuesta. Lo cierto es que querer construir  bloques  que parecen viviendas sociales falangistas o de las afueras de barrios soviéticos, o incluso pabellones deportivos del barrio es una opción legítima, aunque parezca un sinsentido en un espacio tan grandioso
 
El problema por lo tanto es de los poderes públicos que supuestamente deberían proteger el Patrimonio de todos los madrileños y de todos los españoles. Esa vista era patrimonio de todos, incluidos los extranjeros que venían a visitar la ciudad.
 
La pirámide del Louvre ha hecho mucho daño especialmente en Madrid, pues reavivó un fuego que parecía denostado en las mentes de los arquitectos de finales del siglo XX y principios del XXI. Si bien es cierto que ese edificio de cristal fue polémico en su inicio y en su simbología, el tiempo demostró que no tapaba el resto del edificio del Louvre, y que en cualquier caso siempre sería muy fácil desmontarlo en caso de ser necesario.
 
El daño que ha hecho esa mentalidad de pirámide del Louvre en Madrid, es que muchos arquitectos se vieron en la necesidad de “pasar a la historia”. Otro día hablaremos del mediocre y pobre diseño del claustro de los Jerónimos tras la reforma, que parece un pabellón deportivo y resta monumentalidad al conjunto del Museo del Prado. Mejor hubiera sido dejar las ruinas del claustro como estaban antes que ocultarlas de esa forma ininteresante…. Mejor hubiera sido que Rafael Moneo no se acercara a la muralla de Ávila tampoco. Fueron los poderes públicos los que se lo permitieron.
 
La verdad es que lo que los franceses denominaron “salvajismo” arquitectónico ha encontrado su lugar perfecto en Madrid, para desasosiego de los que hemos nacido en esta ciudad, hemos vivido en ella gran parte de nuestra vida –y hemos tenido la fortuna de viajar alrededor del mundo a muchas de las ciudades más simbólicas del mundo para poder comparar con lo que en ellas acontece-  y admiramos profundamente la forma de vida y mentalidad de la capital de España.
 
Decía Marcelino Menéndez Pelayo que la búsqueda de la originalidad suele enmascarar la mediocridad de quién la invoca.
 
Tanto daño están haciendo a Madrid esos mediocres arquitectos como esas instituciones de Patrimonio acomplejadas que no protegen las vistas y edificios de un Madrid que cada vez es menos monumental y es más paleto en sus pretensiones de hacer edificios en entornos históricos que debían estar protegidos. En vez de potenciar sus atractivos se empeñan en arrasarlos con edificios que nada positivo aportan.
 
¿Cuál es el objetivo de las autoridades? ¿Hay algún plan para no seguir haciendo edificios de poca categoría en los espacios más preeminentes de Madrid? ¿A alguna institución se le ha ocurrido denunciar ese proyecto y demoler por lo menos la úttima altura del edificio del Museo de las Colecciones Reales en los 40 metros cercanos a la cuesta de la Vega, que permitiría recuperar algo de la vista de la Catedral, y salvaría parcialmente el proyecto?
 
¿Por qué no mandaron esos proyectos como el Centro Colón, el Ministerio de Sanidad o el actual edificio de las Colecciones Reales a lugares donde no había nada que estropear o por le menos a nadie le hubiera importado, como la Castellana en su tramo cercano a plaza de Castilla, o bien a los PAU de las afueras donde hay campo en abundancia?
 
Le produce a uno desasosiego el pasear por un Madrid, que ya no solo carece de proyecto de recuperar la estética las zonas construidas en los años 60 y 70 del siglo XX,  dominadas por los cerramientos de terrazas aleatorios con aluminio, y aires acondicionados que destruyen unas fachadas de por sí pobretonas que no dan buena imagen de la ciudad. Se ven muchos de ellos al otro lado del río Manzanares desde el Palacio Real y el viaducto de Segovia estropean de modo dramático la vista que los turistas deberían poder observar dignamente desde ese Palacio magnífico.
 
 Ahora después de la destrucción de la panorámica de la Almudena desde la Cuesta de la Vega tampoco se puede mirar ya hacia el Palacio sin llevarse un disgusto.
 
Hay ciudades que parece han sido castigadas por Dios. Da igual quien gobierne. Qué tristeza…
 
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