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La Posada del Dragon

Un restaurante mas que castizo,

Pasear por el Madrid viejo es una curiosidad que los madrileños no suelen hacer. Todos creemos que eso es cosa de "guiris" y que todo lo que hay por esos barrios tiene mucho de turístico y poco de calidad. Si encima te dicen que visites un restaurante en la Cava Baja, psicológicamente te preparas para comer rodeado de turistas los cuatro platos de siempre: la paella, la tortilla de patatas y un jamón, ibérico, porque es español, pero nada mas. La sorpresa es que te encuentras todo lo contrario

Actualizado 31 agosto 2013  
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Redacción Ocio
  
Todos los detalles estan cuidados

Ese es el resumen de lo sucedido no hace muchas horas a un par de sabiondos que cada semana tienen que dar cuenta de un restaurante madrileño y que piensan que se las saben todas. Y es que el ejercicio de la humildad  es mucho mas necesario en estas labores de plumilla que en otras.  Con toda esta introducción se entenderá que esta semana alabemos un proyecto, ya consolidado de hotel y restaurante llamado Posada del Dragón.

Lo primero que sorprende es la situación de la terraza, ubicada en el entorno de una corrala estrecha, pero luminosa y fresca en la que disfrutas de una paz y un silencio notable, Junto a ella el comedor cerrado cuyo  ambiente recuerda a las cocinas de antaño con los míticos azulejos blancos, el hierro forjado y una pizarra en la que pueden leerse las sugerencias del día, muchas de ellas elaboradas en la gran parrilla vista que preside la sala. Y también puede verse la muralla cristiana que atraviesa el Madrid de los Austrias, ya que gran parte del suelo es transparente. En contraste y aportando un aire más actual, la madera clara en techo y paredes junto a unas bombillas reflectoras y que proporcionan una cálida luz indirecta.
En cuanto a la oferta gastronómica, los ingredientes de siempre inundan una  carta  sencilla pero muy completa en la que  el argentino Pedro  Olocco y  la extremeña Leticia Cordero, hacen autenticas delicias innovadoras, atractivas  y muy pensadas para compartir, porque ese es uno de los divertimentos de La Antoñita, que todo se puede compartir ya que los platos llegan en unas sencillas pizarras que facilitan esa complicada tarea.
Como entrantes destacan Los mejillones de Antonia, las clásicas Bravas y alioli, y la Croqueta a lo tigre. También cuenta con un apartado de chacinas, ‘La Charcutería’, con la Cecina de León como estrella. Pero hay más:  ensaladas y verduras  divertidas, pescados, unos a la plancha y otros mas elaborados, incluso en ceviche y claro está, carnes y postres  como era de suponer.
En este contexto nos dejamos aconsejar por Leticia Cordero, lo cual nos permitió disfrutar de una sorprendente cocina que otros locales de teórico relumbrón envidiarían.


Empezamos con una Ensaladilla Rusa 1864, y es que el plato respeta la receta original de esa fecha y junto a la patata y la zanahoria conocidas lleva lengua y huevas de arenque y todo ello presentado en un original envase que, ciertamente, sorprende.
Seguimos con refrescante "colección de tomates marinados". Un plato original, imaginativo en el cinco tomates distintos, pelados y cortados son sencillamente aderezados con su chalota y su vinagreta, acompañados de mermelada de higos. Un fijo de la  carta que los clientes piden con asiduidad. Se lo aconsejamos.
Pasamos a las croquetas. Cuidado son piezas grandes y si usted pide egoístamente un plato y no lo comparte con su acompañante no podrá seguir. En las de jamón  la bechamel es suave y permite al jamón mantener su sabor; en las tigre, el sabor es mas  fuerte y son para los buenos aficionados a este formula de degustar mejillones.
Entramos en los platos mas sólidos y llegó a la mesa un "crujiente de rabo de toro". Se trata de dos cilindros de masa muy tierna que contienen rabo de toro desmigado. Es una de la especialidades de la casa, por algo será. A continuación, apareció un "bacalao con Sambal y gazpachuelo. Un plato brillante, trabajado y en el que gazpachuelo y sambal proporcionan al bacalao el complemento necesario.

Llego, finalmente un plato sorprendente: "costillas con salsa barbacoa y chutney de piña", la conjunción  es perfecta y las costillas hechas en la barbacoa  pierden ese sabor que a veces el cerdo posee, lográndose un equilibrio de textura y sabores delicioso.
Los postres no le van a la zaga y eso que Cordero reconocía que no es su mejor virtud. Y  también en esta parcela la Antoñita sorprende. Probamos un "milhojas  de membrillo, queso a la Lavanda y nuez", extraordinario, pero lo sorprendente fue "el jabón "La Antoñita" que hará las delicias de los madrileños conocedores de los sabores de la capital porque las pastilla de chocolate blanco desprende un mas que conocido sabor a violeta.

Gratamente, el restaurante, además de un café de muy buen sabor dispone de una carta de gin tonics, lo cual facilita la elección de los que disfrutan la sobremesa con este tipo de combinados.  En definitiva, un local sorprendente en el que todo esta cuidado y que cuenta, además, con un servicio eficaz que no molesta pero que en todo momento sabe lo que tiene que hacer sin estridencias de ningún tipo.

La Antoñita 
Cava Baja, 16. 
Madrid.
Tel. 91 119 14 23


La Antoñita tiene capacidad para 40 personas contando con la gran mesa del reservado ideal para 12 personas más y con la muralla bajo los pies. Justo al lado está la terraza, para 30 comensales entre mesas altas y bajas. El precio medio del comedor es de 30 € su horario es  de 13:30 h. a 16:30 h. y de 20:00 h. a 00:00 h. Los domingos la cocina permanece abierta desde las 13:30 h. hasta las 00:00 h. Y la barra está abierta ininterrumpidamente desde las 8:00 h. hasta las 00:00 h., ampliando su horario de cierre los fines de semana.

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