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La salida de EEUU y la OTAN ´asiatiza´ el problema de Afganistán

Con la marcha de las tropas de Estados Unidos y del resto de aliados de la OTAN, Afganistán deja de ser un problema occidental y se asiatiza, sobre todo ante la eventualidad de que China trate de tomar ventaja del repliegue estadounidense.

Actualizado 11 septiembre 2021  
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 Emili J. Blasco    Global Affairs and Strategic Studies
  

Afganistán va a quedar probablemente más inserto en Asia, por ese esperado mayor protagonismo de China, las renovadas implicaciones para el subcontinente indio, el riesgo de contaminación que pueden sufrir las repúblicas de Asia central y las perspectivas estratégicas que abre para Asia menor y el Golfo Pérsico. No es que la inestabilidad afgana no vaya a seguir afectando a Estados Unidos y a Europa, especialmente si se mantiene como foco de radicalización islamista, pero sin un gobierno en Kabul puesto y sostenido por Washington, todos los demás actores relevantes, básicamente de la región, tienen ahora la oportunidad de intentar jugar con fuerza sus cartas

La decisión de Joe Biden deja a China como la instancia de referencia en la zona, posiblemente asistida por Rusia debido al desdén chino de involucrarse en el conflicto mismo. Pekín se ve empujado hacia Afganistán por el vacío que dejan los estadounidenses, al igual EEUU sustituyó allí a la URSS y esta al Imperio Británico. Una mayor difusión del poder chino, en este caso hacia el interior de Asia, activaría las reacciones de cuantos necesitan hacer frente a cualquier expansión de la hegemonía china. Así, un mayor peso de China en Afganistán obligaría a India a reforzar sus intentos de proyectar influencia en Asia central, siempre con un ojo en la estrecha relación entre Pekín e Islamabad. Si la prioridad de India fue ya un Afganistán que no estuviera marcado por la hermandad con Pakistán, ahora el riesgo podría antojarse mayor, pues cabría una sintonía entre los dos países de su flanco noroeste que esté consentida por China.

Cualquier acercamiento chino a Kabul, por pragmático y limitado al comercio o la minería que sea, aumentará la inquietud india. Y un incremento de la influencia de Pekín en el centro de Asia se vería respondido por una mayor presión sobre China en el conjunto del Indo-Pacífico, donde otras potencias, como Japón y Australia, además India y EEUU, están tratando de condicionar el ascenso chino.

Relación China-talibán
Hay quien predice una intensa actividad china en Afganistán, focalizada en la explotación de minerales estratégicos y tierras raras; lo más probable es que ambos países incrementen su relación y saquen provecho mutuo, pero lo hagan con cautela. Los talibán pueden aspirar a recibir créditos de Pekín, pero la particular historia afgana les prevendrá de someterse a una nueva colonización (la “trampa de la deuda” china que están experimentando otras naciones).

Para China, nuevas conexiones terrestres de su Ruta de la Seda a lo largo de Eurasia son siempre interesantes, en este caso a través del corredor de Wakhan, la lengua de tierra que sale del este afgano y alcanza la frontera china, convirtiendo ambos países en vecinos. Pero si ya el corredor a través de Pakistán tiene una perspectiva de tráfico chino más bien relativo, por no decir escaso, la ruta por Afganistán y sus elevadas montañas del Hindu Kush restan sentido a un trazado hacia Irán. Al menos el corredor de Pakistán permite conectar la “espalda” de China con el puerto índico de Gwadar, pero aquí se estaría poniendo un “puente de plata” para que el extremismo musulmán (como el del Partido Islámico del Turkestán, presente en suelo afgano) aliente la resistencia de los uigures en la contigua provincia china de Xinjiang. Empresas chinas ya realizan actividades extractivas en Afganistán, y lógicamente aumentarán el volumen de sus operaciones, siempre que puedan moverse sin excesivo riesgo (los atentados contra personal chino en Pakistán, obra de rebeldes de Baluchistán, obliga a Pekín a andar con tiento, si bien se presume que el régimen talibán podrá controlar mejor su territorio).

Más sencillo para EEUU
Hay quien predice una intensa actividad china en Afganistán, focalizada en la explotación de minerales estratégicos y tierras raras; lo más probable es que ambos países incrementen su relación y saquen provecho mutuo, pero lo hagan con cautela. Los talibán pueden aspirar a recibir créditos de Pekín, pero la particular historia afgana les prevendrá de someterse a una nueva colonización (la “trampa de la deuda” china que están experimentando otras naciones).

Para China, nuevas conexiones terrestres de su Ruta de la Seda a lo largo de Eurasia son siempre interesantes, en este caso a través del corredor de Wakhan, la lengua de tierra que sale del este afgano y alcanza la frontera china, convirtiendo ambos países en vecinos. Pero si ya el corredor a través de Pakistán tiene una perspectiva de tráfico chino más bien relativo, por no decir escaso, la ruta por Afganistán y sus elevadas montañas del Hindu Kush restan sentido a un trazado hacia Irán. Al menos el corredor de Pakistán permite conectar la “espalda” de China con el puerto índico de Gwadar, pero aquí se estaría poniendo un “puente de plata” para que el extremismo musulmán (como el del Partido Islámico del Turkestán, presente en suelo afgano) aliente la resistencia de los uigures en la contigua provincia china de Xinjiang. Empresas chinas ya realizan actividades extractivas en Afganistán, y lógicamente aumentarán el volumen de sus operaciones, siempre que puedan moverse sin excesivo riesgo (los atentados contra personal chino en Pakistán, obra de rebeldes de Baluchistán, obliga a Pekín a andar con tiento, si bien se presume que el régimen talibán podrá controlar mejor su territorio).
  
 
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