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Los muertos también tienen su gastronomía

Cada 2 de noviembre, México celebra una de sus fiestas más originales: el Día de los Muertos. Considerada Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la Unesco, en ella se rinde homenaje a los difuntos que durante esa fecha regresarán al mundo de los vivos para poder reunirse con sus seres queridos. 

Actualizado 31 octubre 2020  
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Redacción Ocio
  
Este es el motivo por el que en cada casa se crea un pequeño altar con el que darles la bienvenida y en el mismo se coloca una ofrenda que siempre incluye la comida y bebida favoritas del fallecido, calaveras, cruces, flores, fotos e incluso juguetes, ropa y joyas. Las familias acuden juntas a los cementerios donde colocan velas para iluminar el regreso de las almas a casa y una vez de vuelta a sus hogares, se preparan para degustar una comida tradicional en la que nunca faltan la cerveza, las tortillas de maíz y el pan de muerto.

Pocas cosas hay tan mexicanas como las tortillas de maíz, y en una fiesta ancestral como el Día de los Muertos, no pueden faltar en ninguna mesa. Con ellas se preparan recetas tan celebradas como los nachos o los tacos, platos que te proponemos para conmemorar a los difuntos como si fuésemos descendientes del mismísimo Moctezuma.
Unos buenos nachos, o totopos como se conocen en México, suelen ir acompañados de guacamole, jalapeños, queso fundido y el refrescante pico de gallo a base de tomate, cebolla y pimiento –emulando los colores de la bandera mexicana- aderezada con jugo de lima y cilantro. Si te apetece probar unos auténticos totopos puedes probar los que ofrecen en La Sagrada Fábrica (Ponzano, 74.) que además acompañan con unos buenos frijoles. Como plato principal te recomendamos unos tacos a base de cochinita pibil, guacamole, pico de gallo y mango. La cochinita pibil es un plato elaborado con una técnica precolombina conocida como pib, a base de carne de cerdo marinada en achiote y envuelta en una hoja de plátano. Los que elaboran en Blue Moon Taphouse (Paseo de San Francisco de Sales, 34. Madrid) son una estupenda reproducción del plato original. Además, en ese mismo local, puedes acompañar la comida con una cerveza especialmente creada para este tipo de cocina, la Blue Moon Mexican Style Lager: una pale lager refrescante y equilibrada, con un ligero sabor a miel de malta y un final fresco en boca.
 

Para terminar, nada mejor que un buen pan de muerto, un dulce nacido con la llegada de los españoles a México que sustituyó los sacrificios (muchos aseguran que humanos) con los que se conmemoraba este día entre los aztecas y otras culturas. Como nos explica López de Levaduramadre (donde lo preparan por encargo): “Entre los pueblos prehispánicos era común conservar los cráneos como trofeos y mostrarlos durante los rituales que simbolizaban la muerte y el renacer a la vida. A los españoles esta costumbre les horrorizó por lo que cambiaron la sangre, los huesos y las calaveras por un dulce con una forma tan sugerente como para representar un esqueleto o incluso la sangre de los muertos”. Este dulce se prepara a base de harina, huevos, mantequilla, leche, azúcar y ralladura de naranja: “Su sabor está a medio camino entre un brioche y el roscón de reyes, pero lo que distingue al pan de muerto es su particular forma de hogaza sobre la que se colocan unas tiras que simulan huesos, un copete para hacer las veces de cráneo y el espolvoreado con azúcar coloreada de color rojo o bien un mix azúcar y canela que simula la sangre. Actualmente, es fácil encontrarlo relleno de multitud de cosas, desde nata a crema pastelera o trufa o incluso nutella, pero el dulce de toda la vida, no lleva ningún tipo de relleno”.
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