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Olga Picasso se pasea por Madrid

Pablo Picasso y la bailarina Olga Khokhlova se conocieron en 1917, cuando el pintor se encontraba en Italia para presentar, con la Compañía de los Ballets Rusos de Serguéi Diáguilev, el ballet Parade.

Actualizado 11 agosto 2019  
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Redacción Ocio
  


Un año después, Khokhlova se convirtió en la primera esposa del artista, y durante el tiempo que duró su relación, hasta su separación en 1935, fue la modelo perfecta del llamado período neoclásico de Picasso. CaixaForum Madrid presenta Olga Picasso, que analiza la aventura plástica, vital y sentimental de esta etapa de la trayectoria picassiana y reúne 335 obras, entre pinturas, dibujos, obra gráfica, esculturas, fotografías, películas, documentación y objetos. La exposición se propone redescubrir el «período Olga», con obras maestras como Retrato de Olga en un sillón, Olga pensativa, La crucifixión y los retratos de Paulo —hijo de la pareja— como Arlequín y Pierrot. Además del recorrido puramente artístico, la exposición narra también el periplo vital de la pareja, con aspectos desconocidos hasta ahora como la dramática historia familiar de Olga. La muestra surge de una intensa investigación a partir de las cartas y fotografías encontradas en el baúl de viaje y el archivo de Olga. Ha sido organizada por el Musée national Picasso-Paris junto con la Fundación Almine y Bernard Ruiz-Picasso para el Arte, y con la colaboración de ”la Caixa”, el Museo Pushkin de Moscú y el Museo Picasso Málaga. 
 
El origen del proyecto es un baúl de viaje de Olga, presente en la exposición. Fue redescubierto per Bernard Ruiz-Picasso, nieto de Pablo y Olga y uno de los comisarios de la exposición. El baúl, marcado con las iniciales O. P., se conservaba en una habitación vacía de la mansión de Boisgeloup que el único hijo de la pareja, Paulo, heredó al morir Olga. En él, se guardaban las cartas y fotografías de la bailarina que han permitido reconstruir una historia personal y artística que transcurre paralela a otra historia política y social. «En algunos de sus cajones había, entre otras cosas, fotografías conservadas dentro de sus sobres Kodak. Unas fotografías que contaban la historia de la vida de mi abuela: Olga con Picasso, Olga con mi padre, la infancia de mi padre, los viajes a Barcelona y a Montecarlo, el estudio de escultura de Boisgeloup, etc. En otros cajones había cartas en francés y en ruso, atadas con cintas finas de seda rosa y azul. También había zapatillas de danza, tutús, un crucifijo, una Biblia ortodoxa en ruso, efemérides y programas de ballet», recuerda el nieto de la pareja.
 
Se trata por tanto, de la primera exposición centrada en el «período Olga» de Picasso. La documentación y los objetos personales de Olga Khokhlova han permitido trazar un recorrido en el que se entrecruzan la evolución artística de Picasso en los años compartidos con Olga, en los que ella es su modelo central, y la del periplo vital de la pareja, en el que son protagonistas el amor y el desamor; así como la maternidad y el sufrimiento de Olga por la delicada situación que vivía su familia en Rusia.
 
«Yo soy Olga Khokhlova, la sobrina del zar.» Estas fueron las palabras que pronunció la bailarina ucraniana cuando, en 1917, en los camerinos de un teatro, Jean Cocteau le presentó a Pablo Picasso durante una de las representaciones de los Ballets Rusos de Diáguilev en Roma. Hija de un coronel de la armada imperial rusa, Olga Khokhlova (Nezhin, Ucrania, 1891 Cannes, Francia, 1955) se incorporó en 1911 a los Ballets Rusos, una prestigiosa e innovadora compañía de danza dirigida por Serguéi Diáguilev. Picasso empezó a colaborar con la compañía realizando los decorados y el vestuario del ballet Parade, con música de Erik Satie. 
 
Parece ser que Picasso se enamoró de forma inmediata de la bailarina ucraniana. Él tenía 36 años y ella 27. Olga se convirtió en la figura femenina más representada por el pintor desde finales de los años 1910, ocupando un lugar preeminente sobre todo a principios de la década de los años veinte. La pareja se casó el 12 de julio de 1918 en París, con Jean Cocteau, Max Jacob y Guillaume Apollinaire como testigos. 
En los primeros tiempos de su relación, la musa y modelo Olga aparece en las pinturas de Picasso habitualmente con aspecto melancólico y frío, en una serie de obras, de línea fina y elegante, que forman parte del retorno del pintor al clasicismo y la figuración, marcado por la influencia de Ingres. Picasso representa a Olga leyendo, escribiendo, en actitud melancólica, inmersa en sí misma, mientras que en las fotografías aparece más alegre. A su vez, las cartas del momento revelan el drama personal de Olga por la separación de su familia, que estaba atravesando dificultades desde el estallido de la Revolución Rusa.
 
Correspondiente a este primer momento, la exposición permite que el público pueda observar el proceso de trabajo de Picasso en pinturas como Retrato de Olga en un sillón (1918), una obra con el fondo inacabado que puede compararse con una fotografía atribuida a Émile Delétang con la misma pose y el mismo ropaje espectacular. 
Tras el nacimiento de su primer hijo, Paulo, el 4 de febrero de 1921, Olga y el niño serán la inspiración de numerosas escenas de maternidad en obras como Maternidad (1921) o Familia al borde del mar (1922), plasmadas con ternura y serenidad, que ponen de manifiesto el nuevo interés de Picasso por la Antigüedad y el Renacimiento. El pequeño Paulo es el orgullo de Picasso, y con sus dulces retratos del niño disfrazado de Arlequín o de Pierrot, el artista retoma los personajes de la Commedia dell’Arte con los que él mismo se identificó en su juventud, durante el período rosa. En otro retrato decide representar a su hijo dibujando, quizás intentando recuperar las sensaciones que él también sintió de niño como hijo de pintor.
 
La figura de Olga se transforma, sin embargo, después del encuentro de Picasso con MarieThérèse Walter en 1927, una joven de 17 años que se convertirá en su amante. Picasso empieza a representar a Olga de manera deformada e incluso violenta, no solamente por la crisis matrimonial y los celos de la esposa, que conocía la infidelidad del pintor, sino también por la influencia del movimiento surrealista. En una obra maestra como Gran desnudo en sillón rojo (1929), el cuerpo femenino es tan solo dolor, y dos años más tarde, el óleo El beso, más que un beso se asemeja a una relación caníbal.
A principios de los años treinta, Picasso se identifica en su obra como un minotauro para simbolizar la complejidad de sus relaciones con las mujeres. Como explica la comisaria Emilia Philippot, «el minotauro picassiano es salvaje y cruel, y asume su destino trágico, pero también se representa ciego, víctima del embrujo de Marie-Thérèse Walter». Su turbulenta experiencia conyugal se expresa también mediante crucifixiones y corridas de toros.
Los cónyuges se separaron en 1935, hecho que se precipitó debido al nacimiento de Maya, la hija de Picasso con Marie-Thérèse. Las dos últimas representaciones de Olga son de 1936, y en ellas Picasso pinta a su aún esposa como una mujer que mira su imagen en un espejo negro. Legalmente, la pareja siguió casada hasta la muerte de Olga en 1955. Ella, sumida en la soledad y el dolor, no dejó de escribirle casi diariamente.
 
Olga Picasso
Del 19 de junio al 22 de septiembre de 2019.
CaixaForum Madrid
Paseo del Prado, 36.
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