Este website utiliza cookies propias y de terceros. Alguna de estas cookies sirven para realizar analíticas de visitas, otras para gestionar la publicidad y otras son necesarias para el correcto funcionamiento del sitio. Si continúa navegando o pulsa en aceptar, consideramos que acepta su uso. Puede obtener más información, o bien conocer cómo cambiar la configuración, en nuestra Política de cookies?

Suscríbete a nuetro boletín gratuito
Está usted en: Historia > Historia
Un diagnóstico intemporal

Ortega y Gasset y España

Sería demasiado extenso el resumir en estas líneas las reflexiones que sobre la España de principio del Siglo XX realizó José Ortega y Gasset. Muchas estuvieron influidas por el "espíritu de los tiempos" después del "Desastre" de la pérdida de Filipinas, Puerto Rico y Cuba de 1898. Sin embargo sorprende que gran parte de ellas siguen siendo válidas más de 100 años después.

Actualizado 2 agosto 2017  
Compartir:  Comparte esta noticia en Twitter 
 Añadir a del.icio.us Buscar en Technorati Añadir a Yahoo Enviar a Meneamé  |   Imprimir  |   Enviar  |  
Comentarios 0
Gonzalo Fernández de Navarrete G.V.
  
Y es que José Ortega y Gasset no permaneció únicamente en la “grada” de las letras del periodismo o de la filosofía. Además de diagnosticar desde sus libros, conferencias y artículo en prensa,  intentó aplicar soluciones a los que consideraba problemas de España en ese principio de siglo XX.
 
Tras 1898, con el surgimiento del “regeneracionismo” como movimiento que pretendía poner a España al mismo nivel que otros países europeos, que se habían enganchado a la Revolución Industrial de forma más generalizada que España, Ortega fue también uno de los que magnificó los males de España, con el objetivo de que se movilizara el país en aras de una mayor modernización.
 
Las exageraciones de principio de siglo XX tales como “me duele España” o el atraso relativo del país frente a rivales históricos sirvieron para modernizar el país de forma muy importante, pero las cabezas de la mayoría de los políticos del primera mitad del siglo XX permanecieron anquilosadas en mitos que servirían para llevar a España al desastre de 1936.
 
Sin embargo lo más relevante del pensamiento de Ortega en ese momento no es su adscripción al “regeneracionismo”, movimiento de pensamiento que fue utilizado tanto por movimientos de izquierda y derecha, ya fueran liberal conservadores, social demócratas o antiliberales como los marxistas y los miembros de la Unión Patriótica, partido único de la época de la dictadura del general Primo de Rivera (1923-1930).
 
Lo más importante de Ortega fue su diagnóstico sobre la falta de un concepto positivo de España que transmitir a los españoles. Faltaba un concepto integrador de España desde una visión centrada pero que no olvidara la huella que España como ente político había tenido en el mundo en el pasado como primera potencia mundial, sin los extremismos ni mitos antiliberales de la “Revolución desde Arriba” aplicados desde la derecha o bien los derrotismos falsarios sobre España de las ideologías anarco marxistas, con sus idílicas historias de “libertad” futura que solo servían para aplastarla una vez tomado el poder.
 
Decía Ortega hace más de 100 años: “Es preciso hacer una historia de la civilización española […] ese libro podría ser la base de una sólida reconstitución.”
Además mencionaba Ortega la necesidad de establecer un ilusionante proyecto de vida en común para los habitantes de España.
 
Y  más de 100 años después sigue siendo una necesidad que los españoles conozcan la historia de su civilización, una de las pocas que ha trascendido en varios continentes como réplica cuasi exacta de la de la de Metrópoli, siendo la monarquía Hispánica y su gobierno en todos los territorios que controló lo más avanzado de su tiempo durante más de 300 años.
 
Y no es que no haya habido algún intento de escribir una historia española en positivo que pueda ser aceptada por una mayoría. Sin embargo la polarización social y política que se hace más visible desde el siglo XIX, a la que se ha añadido el enemigo interno de los nacionalismos periféricos en el siglo XX, que con su totalitario origen siguen añadiendo distorsiones al mensaje sobre el pasado de España como ente político, y enseñan a odiar a su propio país desde múltiples plataformas públicas,  dificultan que en aun en el siglo XXI una gran parte de la población pueda pensar en una España en términos positivos.
 
Los diagnósticos de Ortega fueron evolucionando con el tiempo. No pensaba lo mismo durante la Restauración con los gobiernos de Antonio Maura, que durante la IIª República. Sin embargo sus últimas reflexiones permanecen como premonitaorias e inmutables un siglo después.
Fue por ejemplo el caso de la visión de José Ortega y Gasset del nacionalismo catalán.
 
Es curioso como un joven Ortega y Gasset –a contrario que 14 años después durante la Segunda república cuando parece ya había comprendido el sistema de reivindicación perpetua del nacionalismo catalán- aún creía Ortega en 1918 que se podía “resolver el problema catalán” afirmaba “Existe otra España mejor dispuesta a resolver el problema catalán”, descentralizando la estructura del Estado, nunca dando ninguna independencia.
 
En 1932 se desdecía Ortega y Gasset de esas palabras de 1918, una vez que se creaba de nuevo un ente de gobierno regional en Cataluña, y no cesaba la desestabilización.  Ortega comprendía que el de un nacionalismo totalitario como el catalán era un problema sin solución: no se puede contentar a quién es insaciable. En su evolución –14 años después durante la Segunda República- decía el mismo Ortega y Gasset "Yo sostengo que el problema catalán es un problema que no se puede resolver, que sólo se puede conllevar", y especificaba que “la conllevancia” debía ser mutua.
 
Por otra parte, y esto es un análisis mío y no de Ortega, para aquellos políticos ingenuos o bien inútiles -que puede que dejen España como un solar intelectual de nuevo- que no se han leído bien los hechos de la historia de España, no es cierto que una supuesta independencia de Cataluña sea posible, ni que sea una solución, puesto que si un sistema de chantaje y de odio funciona con esas 4 provincias no habría motivo para cesar en el odio y en la desestabilización:
 
 ¿Por qué iban a renunciar los nacionalistas totalitarios catalanes el día después de esa supuesta independencia a seguir desestabilizando a Mallorca, Valencia, Aragón, partes de Murcia o incluso el sur de Francia o a Cerdeña –en unas ensoñaciones dictatoriales para recrear la Corona de Aragón, cambiándola de nombre y falseando su historia como si una hubiera sido una inventada “Cataluña gloriosa” quién la hubiera dominado?
 
Por último, para terminar con el gran pensador que bajó al ruedo de la política para intentar poner cordura en unos partidos políticos y sindicatos en una España que la iba perdiendo desde 1930 a pasos agigantados,  Ortega y Gasset, había fundado en 1931 junto a Gregorio Marañón, Ramón Pérez de Ayala o Ramón Carande  la Agrupación al Servicio de la República –un partido que aceptaba el marco republicano pero que era de derecha liberal.
 
Ortega se desencantó muy rápido de la  de la inutilidad  dogmatismo de tantos de los “representantes del pueblo” en el Congreso de los diputados.
De la inicial ilusión de estos eruditos Ortega al ver las amenazas de muerte, el anticlericalismo de una Azaña que olvidaba al pueblo real español, esa ignorancia de la realidad de las creencias de la población y de su historia en ese parlamento de la IIª República,  pasó a la tantas veces repetida frase de
 
 “No es esto, No es esto”
 
Esa fue la frase pronunciada por Ortega en el Congreso de los Diputados antes de anunciar su retirada de la política pocos meses después, tras ver que el ser humano en su mayoría tiene unas limitaciones intelectuales que impiden pueda actuar de forma racional y constructiva.
 
Si José Ortega y Gasset no hubiera escrito muchas de estas frases citadas el siglo pasado, pensaríamos que son palabras de actualidad. 
 
No hay que esperar nada de una España del siglo XXI que no aprende de sus errores pasados:
 
¿Quién cree que un país que ha renunciado a tener un relato mínimamente positivo de su historia - y que ha cedido a los que quieren destruirla internamente sus funciones – puede mantener sine die las estructuras actuales sin sobresaltos?
 
Comentario (máx. 1500 caracteres - no utilizar etiquetas HTML)


Título (obligatorio)


Nombre (obligatorio)


E-mail (obligatorio)


Por favor rellene el siguiente campo con las letras y números que aparecen en la imagen superior
     
NOTA: Los comentarios son revisados por la redacción a diario, entre las 9:00 y las 21:00. Los que se remitan fuera de este horario, serán aprobados al día siguiente.
CLÁUSULA DE EXENCIÓN DE RESPONSABILIDAD
Todos los comentarios publicados pueden ser revisados por el equipo de redacción de cronicaeconomica.com y podrán ser modificados, entre otros, errores gramaticales y ortográficos. Todos los comentarios inapropiados, obscenos o insultantes serán eliminados.
cronicaeconomica.com declina toda responsabilidad respecto a los comentarios publicados.
Esta noticia aún no tiene comentarios publicados.

Puedes ser el primero en darnos tu opinión. ¿Te ha gustado? ¿Qué destacarías? ¿Qué opinión te merece si lo comparas con otros similares?

Recuerda que las sugerencias pueden ser importantes para otros lectores.
 Otros artículos de Historia

A- 1933 "Alemania despierta", 2017 "Europa despierta"

La toma de Granada vista por los musulmanes

El eterno retorno de las "tiranías".

¿Es España una "Democracia" desde 1978?

La lucha de Madrid contra la monumentalidad

Una historia catalana inventada sin respuesta

Una región enferma vista desde Italia

La Ciudad Universitaria de Madrid

El congreso del PSOE de 2017: un retroceso de 80 años

Tarradellas y la "dictadura blanca" de Pujol

© Copyright CRÓNICA ECONÓMICA, S.L.2004 | Suscríbete al boletín | Mapa web | Contacto | Publicidad | Política de cookies | Política de privacidad | Estadísticas | RSS