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Tanto va el cántaro a la fuente que al final se romperá.

(seguimos inmersos en las sinrazones medioambientalistas) Hace tiempo que venimos insistiendo y así lo hemos publicado y criticado con insistencia en varias ocasiones, en el peligro que corre la ganadería europea en general y la española en particular con la reiteración y contumacia de todos los "ecologetas", decididos a culpar al sector ganadero del exceso de emisiones de GEI.

Actualizado 5 mayo 2016  
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Redacción Agrolibre
  
Ahora, también los chicos de Bruselas se enredan en el lío
Ya en noviembre del 2013  insistíamos en recordar a todos que, "un nuevo peligro se cernía sobre el sector agrario europeo, en concreto sobre el subsector ganadero".
Se trataba,  afirmábamos, de un nuevo impulso, de un nuevo arrebato de nuestros "ecologetas" europeos, intentando suprimir, más allá de lo razonable y admisible económicamente, las emisiones de gases amoniacales de nuestras granjas y explotaciones.
En España, como siempre en estos temas tan competitivos para nuestra ganadería, ya nos habíamos adelantado a todos, ya encabezábamos el pelotón de los renovables y habíamos promulgado  la Ley 16/2002  sobre Prevención y Control Integrado de la Contaminación, (BOE 157 de 2 de julio del 2002), en granjas de ganadería intensiva.
 
Así la reducción de emisiones amoniacales se convirtió desde entonces, hace ya más de 13 años, en una obligación para todos nuestros núcleos ganaderos de especies y tamaños determinados.
 
"Ya en el  año 2001 la Comisión, Directiva 2001/81, adoptó un programa exigiendo la reducción media del 15% en las emisiones contaminantes amoniacales para el año 2010 sobre las emisiones-base del año 1990, para  cada uno de los países europeos de la CE 15. España que ,en aquel entonces, era responsable del 15% aproximadamente del total de las emisiones europeas, promulgó, para la cumplimentación de la Directiva europea,  la Ley 16/2002  sobre Prevención y Control Integrado de la Contaminación, (BOE 157 de 2 de julio del 2002), en granjas de ganadería intensiva. Así la reducción de emisiones amoniacales se convirtió desde entonces en una obligación para todos nuestros núcleos ganaderos de especies y tamaños determinados.

Hasta aquí todo normal porque nadie puede dudar de los negativos efectos que las emanaciones amoniacales directas, procedentes de las degradaciones de  las ureas contenidas en los restos orgánicos de las granjas, producen en el medio ambiente pero, antes de cualquier prohibición, antes de limitar “porque sí”, con independencia de las consecuencias que estas limitaciones puedan alcanzar, hay que plantearse otras soluciones. Recordemos  los desafueros cometidos por y desde Kioto, o las sinrazones de los biocarburantes o los despilfarros económicos ocurridos en la última década con los “Algorismos”, palabra derivada de Al Gore el sinvergüenza y estafador vicepresidente americano, con la falacia del cambio climático...  

Tengamos siempre presentes, otras maneras alternativas de resolver los problemas. Por ejemplo, en el tema que hoy nos ocupa, recordemos que  desde 1896, conocemos que las plantas pueden valerse para su nutrición de los nitrógenos amoniacales, que el abonado con amoniaco anhidro es una práctica usual en cualquier agricultura occidental y que en contacto con el agua el ión NH3 se transforma en el ión amonio, transformándose así un gas tóxico para los seres vivos, el amoniaco, en una nueva forma, absolutamente vital, para los microorganismos y las plantas superiores que nos alimentan y mantienen. Es decir, no seamos tan idiotas que volvamos a confundir al ciudadano que crea que hay que suprimir lo amoniacal al precio que sea porque, para poder vivir hay que salir con  máscara a la calle ya que los ganaderos, con sus especulaciones e irresponsabilidades, han envenenado el aire que respiramos.

Las alarmas nos han surgido cuando hemos sabido que, el COPA-COGECA en Nota Oficial, ha puesto el grito en el cielo advirtiéndonos que, "la próxima revisión de la política de la UE en materia de calidad del aire tendrá un grave impacto en el sector agrícola y que además las medidas que se pretenden carecen de fundamento científico".

Ahora parece ser que la ¿Comisión?, ¡pero en qué derribo los encuentran!, pretende reducir las emisiones de amoniaco un 30% en el marco de la próxima revisión de la política europea de calidad del aire, sin tener en cuenta lo ya reducido ni las inversiones realizadas anteriormente. 

El  Copa-Cogeca nos advierte de los tremendos efectos económicos que tendrá la medida que se propone y nos informa de que los " informes previos presentados ni son realistas, ni viables, ni rentables, ni está respaldados por la ciencia".
La Comisión afirman, antes de nada, "debería reconocer las reducciones y las inversiones ya realizadas por nuestro sector recordando por ejemplo que, entre 1990 y 2009  periodo en el que  de la Directiva 2001/81, anteriormente citada, proponía una reducción media del 15% en las emisiones de amoniaco, estas ya se redujeron, con enormes y costosas inversiones, más del 22% en el Reino Unido, el  25% en Italia  y el 20% en Alemania".
Debemos considerar, nos dicen, "las importantes sinergias entre la política del aire y otras políticas tales como el cambio climático y que las medidas encaminadas a reducir las emisiones de los gases de efecto invernadero y las emisiones de contaminantes atmosféricos procedentes de la agricultura podrían conllevar una disminución de la producción de la UE, y así amenazar la seguridad del suministro alimentario cuando se espera que la demanda mundial de alimentos aumente del 70% para 2050. 
La Comisión terminan, debe revisar sus propuestas para hallar un equilibrio práctico, nosotros diríamos económico,  entre la viabilidad de la actividad agrícola y la contribución a la seguridad del suministro agrícola así como las medidas de mitigación del cambio climático, la calidad del aire, la biodiversidad, la gestión del riesgo de inundación y la calidad del agua.  ¡ Absoluta y totalmente de acuerdo  con todo lo anteriormente expuesto!

Un nuevo peligro acecha a los ganaderos y agricultores españoles, sí más que a ningún otro europeo, porque aquí somos tan "papanatas" tan dados a presidir cualquier manifestación de las que todos quieren huir que, ojalá nos equivoquemos, a corto plazo, podemos encontrarnos presidiendo la "Comisión Europea de Supresión de Emisiones Amoniacales", o ¡cómo la quieran llamar!, habiendo pagado un pastón como ya ocurrió cuando se intento que Moratinos  fuera presidente de FAO, más de 1.500 millones de euros en ayudas, o cuando se logró el total protagonismo de la Alianza de Civilizaciones, cerca de 1.000 millones de euros anuales, o cómo cuando nos pusimos al frente de los países occidentales en el pago de emisiones de Kioto, más de 1.000 millones de euros anuales y eso que se derrumbó el precio de la Tm de emisión de CO2, o como cuando... ..., ¡ pánico nos da la que se puede avecinar con el amoniaco!.
 
 
Ahora años después seguimos en cabeza de los despropósitos y según nos comunica el propio Magrama en Nota Oficial, seguimos inmersos en las investigaciones europeas, de acuerdo con el Panel Intergubernamental para el Cambio Climático, (¡vaya cuadrilla de desalmados!) , sobre las emisiones  GEI de la ganadería.
 
"El Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente ha publicado las “Bases Zootécnicas para el cálculo del balance alimentario de nitrógeno y de fósforo de los équidos”, que proporciona detallada información para satisfacer las necesidades del Sistema Español de Inventario (SEI) y del Balance de Nitrógeno y Fósforo en la Agricultura Española (BNAE) respecto a las emisiones de las especies equina, mular y asnal.
En concreto, la información que proporciona este texto permite abordar la estimación de las emisiones de óxidos de nitrógeno (NO, NO2 y N2O), amoniaco (NH3), metano (CH4) y otros compuestos orgánicos volátiles no metánicos (COVNM).
Las actividades ganaderas contribuyen a la emisión de gases de efecto invernadero y de otros contaminantes a la atmósfera. En particular, la fermentación entérica de los herbívoros libera directamente metano, mientras que su excreta emite, además de metano, amoniaco, óxidos de nitrógeno y otros compuestos orgánicos volátiles no metánicos.
En este contexto, y en virtud de los compromisos adquiridos, España debe comunicar oficialmente las emisiones a la atmósfera de ciertos contaminantes a nivel nacional. Así, el SEI tiene la responsabilidad de determinar el total de dichas emisiones, de acuerdo con directrices establecidas por el Panel Intergubernamental para el Cambio Climático (IPCC) y el Programa Europeo de Evaluación y Control Ambiental (EMEP/EEA)".
 
(Para el que quiera comprobar las emisiones GEI de su cabaña ver http://www.magrama.gob.es/imagenes/es/balancealimentarioequidos_tcm7-413695.pdf.)
 
Nuestros políticos medioambientalistas siguen insistiendo en que, "las actividades ganaderas contribuyen a la emisión de gases de efecto invernadero y de otros contaminantes a la atmósfera. En particular, la fermentación entérica de los herbívoros libera directamente metano, mientras que su excreta emite, además de metano, amoniaco, óxidos de nitrógeno y otros compuestos orgánicos volátiles no metánicos", olvidándose que el sector agrario en el peor de los supuestos y considerando el máximo de sus emisiones únicamente sería responsable del 7% de las emisiones totales de los GEI.
 
Al final lo conseguirán, "tanto va el cántaro a la fuente que al final se romperá". ¡Y lo peor será que incrementarán innecesariamente nuestros costes productivos con gravámenes por emisiones GEI!.
 
 
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