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El gobierno central debe tomar la iniciativa

Una historia catalana inventada sin respuesta

La historia es "la gasolina" que alimenta los nacionalismos. Y aunque el lenguaje no es matemático, los hechos descritos pueden constituir un relato de historia "honesta", basada en hechos coherentemente interpretados, o bien por otra parte una historia "inventada", llena de mitos y falsificaciones que conscientemente generan estados de opinión falsarios pero que calan en parte de la población.

Actualizado 27 septiembre 2017  
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Gonzalo Fernández de Navarrete G.V
  
A la izquierda de la imagen sobre estas líneas aparece la Catedral Gótica de Barcelona antes de 1880, tal y como era. A la derecha aparece cómo quedó después de la reforma neogótica acometida a finales del siglo XIX.
 
En el inicio de lo que hoy vemos como un movimiento con muchos elementos dictatoriales en el proyecto del nacionalismo catalán -en el que hemos llegado a las falsedades del “seremos libres” o del “España nos roba”-   estuvo la reinvención de la historia que se produce durante el siglo XIX. Fue un movimiento propio del romanticismo que desde los movimientos antiliberales de derecha asumía el nacionalismo como doctrina,  anteriormente solamente asumido por los liberalismos.
 
En el principio del siglo XX se fue consolidando ese relato y ya hubo en los años 30 dos intentos de independencia disimulada, promovidos por Maciá y Companys. Desde 1980 a 2017 esa historia falseada se ha exacerbado de modo dictatorial en Cataluña ante los ojos estáticos y la inacción de los gobiernos de España, que como herederos de la antigua unidad política histórica de la Monarquía Hispánica sigue careciendo de proyecto de comunicación coherente sobre sus hechos históricos, mientras es atacada internamente.
 
Ese movimiento iniciado con los románticos “juegos florales” en Cataluña en el siglo XIX glosaba la supuesta “gloria” catalana del medievo antes de que Castilla y Aragón se unieran, y las “libertades” que mantuvo hasta 1714. Sin embargo esa supuesta gloria catalana no se reflejaba en el edificio de la Catedral. La foto de 1880 mostraba la verdad en el siglo XIX: esa Barcelona gloriosa perdida era un invento.
 
Hubo que reformar la catedral de modo “fraudulento” para que el “cuento” histórico que se empezaban a inventarse esos nacionalistas fuera creíble. El objetivo es que esa catedral se pareciera a las de Oviedo, a la de León, a la de Burgos, o a la de Palma, que si habían sido verdaderas referencias del arte gótico en el medievo español.
 
La catedral de Sevilla, es infinitamente más majestuosa -  puesto que es la tercera iglesia del mundo muy cerca del tamaño de San Pedro de Roma- . A ella nunca podría parecerse, pues la de Barcelona no dejaba de ser una Catedral de tamaño pequeño con una pobrísima fachada tal y como se ve en la imagen de 1880, que refleja la mediana importancia de la población de Barcelona en la época gótica.
 
Esas catedrales castellanas  de Oviedo, de León, de Burgos, de Sevilla y la mallorquina eran verdaderamente góticas y magníficas desde el medievo. La Exposición Universal de 1888 organizada en Barcelona – que había sucedido a Sevilla como capital económica de España durante el siglo XVIII desde la llegada de los Borbones a la monarquía española. A los organizadores de 1888 les parecía poco digna  esa Catedral, y debía ser reformada para  mostrar una estética digna durante la Expo.
 
Fue gracias al falsamente denostado Felipe V, a Fernando VI y a Carlos III que Barcelona salió del atraso en los siglos XVIII y XIX. Un Capitán General de Cataluña consideraba a Cataluña en el siglo XVII en pleno época de los reyes Habsburgo  “la tierra más desdichada del mundo”, llena de bandoleros y atraso. A partir del gobierno centralizado borbónico, Cataluña despegaría enganchándose a la Revolución Industrial en mayor medida que otras regiones españolas.
 
Hoy, en pleno siglo XXI, se lee en las guías turísticas hablan de la Catedral “gótica” de Barcelona sin explicar la reforma neogótica –una invención decimonónica-  que le dio su aspecto actual hace apenas un siglo.   Todo ello en alegoría de lo que aprenden los alumnos en las escuelas catalanas hoy en día, y lo que algunos políticos del resto de España se creen del invento catalanista actual.
 
La realidad es que Barcelona fue la gran beneficiada de los siglos XVIII y XIX de España. Pasó a ser su ciudad capital económica en sustitución de Sevilla. Los gobernantes de Madrid, que siempre fue la capital política, hicieron lo posible para proteger la industria catalana a lo largo de los diferentes gobiernos en esos siglos, aumentando aranceles a los productos foráneos.  España siempre estuvo orgullosa de la mentalidad emprendedora catalana desde el siglo XVIII.
 
Quienes repiten lo contrario; los agravios, lo perjudicial de haber perdido los fueros se centran únicamente en elementos negativos…. Todo una reinvención, “deshonesta” para tergiversar el conjunto de los hechos de la historia.
 
La dictadura nacionalista en Cataluña tolerada por la democracia española desde la Transición.
Los catalanes no han podido vivir la libertad que la democracia española supuso a nivel de la mayoría de regiones españolas, pero no porque España no sea una democracia occidental desde 1978 al contrario. España se descentralizó y recuperó en la Transición la forma de “estado compuesto” anterior a la llegada de los borbones para satisfacer  las demandas de Autonomía expresadas por la mayoría de parlamentarios catalanes. Así la antigua Diputación de la época de los Habsburgo gestionaría desde 1980 gran parte de las competencias del Estado, renombrada como Generalitat.
 
En 1978 España también adoptó el sistema de democracia representativa que ya había experimentado durante la Restauración a principios del siglo XX. Esa falsedad de que hubo continuidad en el sistema con la estructura del Estado anterior a la Constitución de 1978 no se sostiene en personas que hayan leído un poco y tengan capacidad de entender los hechos de la historia.
 
Sin embargo el terrorismo de ETA durante la Transición supuso que Adolfo Suárez y el resto de fuerzas políticas, incluido el PSOE de Felipe González dejaran en manos de Jordi Pujol el gobierno de Cataluña, permitiéndole esa dictadura silenciosa pero violenta que Josep Tarradellas denominó “dictadura Blanca”. Es repetitivo en estos últimos años, y  mucho más en estas semanas, el tema del adoctrinamiento que han sufrido los niños catalanes en estos últimos 40 años  en las escuelas, universidades, asociaciones vecinales, ayuntamientos, coordinados bajo un halo silencioso de violencia de “baja intensidad” pero permanente desde 1977.
 
Las denuncias de los profesores que recibían mientras gobernaba Jordi Pujol paquetes con mensajes amenazantes, pinchazos de ruedas, o escraches fueron silenciados por los medios de ámbitos regionales y local en aras del eufemismo de “preservar la convivencia”. Eso  no significaba otra cosa que claudicar ante las amenazas de grupos organizados por las organizaciones pseudo mafiosas llamadas Omnium Cultural y Asamblea Nacional Catalana, con el apoyo de los grupos de inspiración anarquista y marxista en Cataluña, entre los que se incluyen los restos de organizaciones terroristas como Exercit Popular Catalá (EPOCA) que asesinó a anteriores  alcaldes  de  Barcelona - en 1977 A José María Bultó, y en 1978 a Joaquín Viola  – o los atentados de Terra Lliure. Muchos de los retales ideológicos retrogrados y criminales de estas organizaciones se encuentran hoy asimilados entre la CUP,  Arrán y ERC.
 
El gobierno ejercido por la Administración autonómica de la Generalitat, lejos de limitarse a recuperar la autonomía de que disponía en el siglo XVIII, buscó generar desapego y odio hacia la idea de España. Fue una siembra permanente de un “hecho diferencial” basado en una “invención de la tradición”, que deformaba la historia idealizando una Cataluña supuestamente independiente que nunca existió, para difundir “agravios históricos” forjados en el romanticismo que solo podían ser reparados por la separación. Sería esa Autonomía de 1978 solo un interregno en su proyecto antes de la llegada al “paraíso” ficticio de la independencia cuando lo consideraran oportuno. La crisis económica mundial de 2007, unida a los procesamientos por corrupción de los líderes de CiU fueron la tormenta perfecta que esperaban.
 
La alianza táctica entre nacionalismo totalitario catalán que busca destruir España y el anarquismo que busca destruir el sistema simplemente para instituir otra dictadura distinta de la nacionalista está más vigente que nunca en 2017.  Las nuevas generaciones de universitarios catalanes –adoctrinadas en un incultura fanática-  “abrazan” los anarquismos y comunismos de la CUP, de ERC y de Podemos. Ese “seremos libres” -hablan de “libertad”- muestra claramente que   no han vivido las experiencias que la réplica del régimen de la Unión Soviética supuso entre las poblaciones de todos el mundo supusieron desde 1917. O están cegados por el fanatismo o quieren ser quienes gestionen esa gran cárcel, o quizás las dos cosas.
 
El significado de la palabra “democracia” según los amantes de las dictaduras.
Los países satélites de la URSS se transformaron durante el siglo XX en inmensas cárceles dónde los obreros vivieron en condiciones económicas infra humanas y también en condiciones de inexistencia de derechos políticos. Eran famosas las votaciones “a la búlgara” dónde el 99,9 % de los delegados votaban las propuestas.
 
La denominada RDA -República “Democrática” Alemana- era la parte gobernada por la URSS desde 1945 hasta 1989 tras la partición de la Alemania hitleriana derrotada. A pesar de reivindicar ser “Democrática”, fue un enorme presidio, en el cual te intentaban asesinar los militares que vigilaban la frontera si intentabas pasar desde el Berlín ruso al Berlín Occidental.
 
Hoy todos los alemanes que vivieron en la RDA saben quiénes eran los “demócratas”. El gobierno alemán sigue contando en los libros de texto de forma honesta lo que pasó, y quien disparaba a quién –los “demócratas” de Alemania Oriental a sus ciudadanos que intentaban pasar al Oeste libre- . También saben los alemanes en su abrumadora mayoría quien podía elegir a sus gobernantes democráticamente –los alemanes de la República Federal Alemana que podían decidir quién querían que los gobernaran- frente a la imposición de la RDA.
 
Sorprende –por no decir otra cosa-  ver que los repiten en sus conceptos de comunicación los independentistas de corte totalitario de Cataluña que “votar es democracia” . Son los herederos de los totalitarismos de inspiración anarquista y marxista, a los que se unen los totalitarios del nacionalismos catalán, que desde Valentí Almirall los historiadores a sueldo del nacionalismo han querido disfrazar de “nacionalismo liberal”. No lo fue, se ve hoy en día que no era más que un nacionalismo antiliberal con muchos puntos de conexión con el pensamiento excluyente de Sabino Arana, totalitario en su más pura esencia antidemocrática en lo político, aunque en lo económico si haya una facción liberal dentro de ese nacionalismo.
 
La verdad es que los ambiguos textos de Rousseau igual fueron utilizados por todos los movimientos políticos para justificar el sentido de la palabra “democracia” según les conviniera. En cualquier caso el sentido marxista del término demostró en el siglo XX que era una prisión en la que también finalmente cupieron los anarquistas como Kropotkin –líder anarquista- , que fue postergado inmediatamente en la Rusia “revolucionaria” de Lenin. No hubo “libertad alguna”. No fueron “lliures”…. Fue un inmenso engaño como el que han conseguido hacer creer a sus files fanatizados los anarco-nacionalistas de CUP, Ciu-PdeCat y ERC.
 
Pero lo que produce un mayor asombro es ver que no hay respuesta ninguna del gobierno de España.  ¿Por qué no utilizae  sus inmensas capacidades como Estado para defender la democracia, que en este caso es además la legalidad y la legitimidad?
 Ni siquiera existe ningún ente oficial de comunicación  del gobierno español que rebata de forma organizada las deformaciones y sofismos de los independentistas. ¿A qué esperan?
 
El caso de la Alemania Federal. La prohibición del referéndum en Baviera en 2017.
El día del registro realizado en Barcelona  por la Guardia Civil en la Consejería de Economía del gobierno regional de Cataluña que organizaba el plebiscito ilegal, seguí de modo continuo el canal de la televisión autonómica catalana TV3.
 
Dentro de los comentaristas nacionalistas y anarquistas a sueldo, fue una sorpresa ver a un comentarista de TV3 honesto –en una proporción de 1 contra 5-  que intentaba aportar datos de derecho comparado con otras democracias europeas.
 
El contertulio intentaba explicar cómo en la Alemania unificada actual, heredera de la República Federal Alemana que absorbió la dictatorial RDA, no se ha hecho ningún referéndum de ningún tipo. Ni para aprobar la Constitución, ni para aprobar los estatutos de autonomía de ningún Lander, ni por supuesto de independencia.  Era un comentarista solitario contra 5 dogmáticos, pero fue el único honesto, ilustrado, que no vendía quimeras ni engañaba a los televidentes.
 
Contradiciendo uno de los dogmas del “procès” independentista organizado por publicistas que utilizan mensajes muy cortos como que la “democracia” consite  únicamente en votar, se preguntaba ese comentarista, “¿Significa eso que tiene poca calidad democrática Alemania?”
 
Enseguida uno de los exaltados comentaristas oficiales de TV3 le comentó , irritado, pretendiendo acallar la única voz discordante que reventaba el engaño que se viene repitiendo en Cataluña sin cesar: “La única solución “democrática” es la de Québec o la de Escocia : un  Referéndum.”
 
Y lo cierto es que ese canal independentista llamado TV3, el canal 3/24, Cataluña Radio, Rac 1… y otros tantos no hacen más que engañar y adoctrinar sin conocer siquiera las leyes de nuestros vecinos. Eso es lo que está sucediendo en los medios de comunicación catalanes oficiales.  Se oculta la realidad de lo que ocurre en los países verdaderamente comparables en legislación con España.
 
Hace unos meses, el 4 de Enero de 2017 titulaban todos los diarios españoles con lo que había acontecido en Alemania. He aquí el titular del diario El Mundo, pero que se pudo leer de contenido similar en ABC, El País, La Vanguardía o El Periódico de Cataluña:
“El Tribunal Constitucional alemán ha desestimado el recurso presentado por el pro independentista Partido de Baviera para la celebración de un referendo de independencia en ese estado federado en tanto que "los Länder carecen en la Carta Magna alemana de espacios para procesos secesionistas".
"En la República Federal de Alemania como Estado nacional la soberanía recae en el pueblo alemán, por lo que estados federados no son los dueños de la Constitución", recoge la Sala II del TC en un dictamen fechado el 16 de diciembre y dado a conocer ayer.”
 
Y es que Baviera fue un Reino independiente hasta 1871 en que se incorpora al Imperio Alemán. Su rey Luis II y el castillo real que copió Walt Disney son una referencia internacional. A diferencia de Cataluña que nunca lo fue, Baviera fue plenamente independiente en momentos de su historia.
 
¿Dónde están los resortes de comunicación del Gobierno Central para combatir esa mentira mediática que están consiguiendo transmitir desde los medios independentistas a muchos niños, jóvenes y adultos en Cataluña de que “España niega derechos democráticos”? ¿Dónde está la respuesta mediática de las instituciones del gobierno central? ¿Existen órganos que protejan a los ciudadanos de la mentira educacional y mediática que se transmite permanentemente en Cataluña y País Vasco?
 
La urgencia de promover la marca “España” dentro de España
Faltan en España políticos que tengan visión más allá de una simple reelección y un pactismo de corto plazo. Falta la voluntad de transmitir orgullo por el pasado, y la comunicación de un ilusionante proyecto en común. Con la Unidad política llamada España no se debería transigir ni ceder más de lo que se ha cedido, por mucha modas malintencionadas, por mucho que el nacionalismo catalán tenga 100 años de historia. Ya se ha cambiado la estructura del Estado para dejar un hilo mínimo de unión.  
 
¿Dónde está ese organismo de orden central y nacional que hay que crear o utilizar para transmitir mensajes positivos sobre España dentro de la propia España de forma permanente y continua, independientemente de que haya desafíos como el de la Generalitat catalana?
 
En unos textos que escribí para la facultad hace algo más dos años, y que fueron muy bien acogidos,  reivindiqué lo que consideraba una falta de lógica y de criterio del gobierno de España: el tema sobre el que versaban esas líneas era “la Imagen de España en el exterior” desde un punto de vista histórico. Este es un extracto:
” La creación de las instituciones como la gestión institucional de la Marca España  es algo positivo por la comprensión de la importancia de tratar a nivel institucional la promoción de la imagen exterior de España.
 
En cualquier caso la mejora de la imagen exterior de España no pasa únicamente por la vigilancia y acción de las instituciones de comunicación para combatir artículos de prensa y visiones estereotipadas, pasa también por que los propios españoles pongamos los medios para transmitir una imagen más positiva de nuestro propio país -para lo que hay que haber sido educado fuera de un patrón de odio nacionalista periférico- , valorando más nuestra historia, deshaciéndonos de mitos, fatalismos, esencialismos, determinismos – que nos permitan transmitir una imagen moderna y de futuro.”
 
En otro momento especificaba:
“Sin defensa de un concepto, de una historia de una unidad política llamada Reino de España que tiene un pasado común en hechos demostrables, y sin que  se enseñe a la población de todas los territorios de España que están ejerciendo en las Comunidades Autónomas, la idea de España como unidad heredera de la Monarquía Hispánica, unidad política preponderante en el mundo Occidental durante el periodo más largo de la época moderna, no podrá mantenerse en el interior de la unidad, con las repercusiones que para la imagen exterior tendrá, además del riesgo de un 98 psicológico- Una nueva pérdida de “Cuba”. Una disgregación por indolencia e inacción.
Es tarde para muchas cosas, pero puede que todavía no se haya alcanzado el punto de no-retorno.
Sin embargo, haciendo una analogía entre la “venta” de la historia a los ciudadanos con el mundo de la empresa,  es imposible mantener el liderazgo y el conocimiento de marca entre el grupo de consumidores si se cede el 100% del espacio a una marca de la competencia que quiere ocupar el espacio antes ocupado por tu producto. Y España es una marca tal y como se denomina últimamente, y así debe ser tratada: en el exterior, y en el interior
 
Parece que los gobernantes españoles desde 1978 han confiado de modo idealista cuando menos –irresponsable en mi opinión tras la observación de la aplicación realizada- en que las regiones que ejercen las competencias de educación iban a mantener la lealtad al ordenamiento jurídico a pesar de estar adoctrinando desde hace más de 30 años a sus administrados, casi el mismo tiempo que duró la dictadura de Franco.
 
La gran preocupación por  mejorar la Imagen Exterior de España, con la creación del alto comisionado para la marca España, […] no ha sido seguida sin embargo por una preocupación ni acciones concretas para asegurar el mantenimiento del aprecio de ciertas regiones -Cataluña ya abiertamente en rebeldía- y mejorar la imagen interior de España, en el propio interior de la nación.
 
La frase “Si habla mal de Francia es inglés, si habla mal de Inglaterra es francés, y si habla mal de España es español” es más cierta que nunca con la absurda situación de denigración de la imagen de España y de su historia que se lleva produciendo en ciertas zonas de España con la anuencia o pasividad de los  partidos nacionales mayoritarios.
 
Cuando en 2014 oía a una  persona de unos 20 años de edad  en una entrevista televisiva durante la manifestación del 11 de Septiembre en Barcelona y decía “No queremos pertenecer a un país mediocre”, refiriéndose a España  aparecían de nuevo los fantasmas de la interiorización de la imagen estereotipada de España creada por extranjeros en el pasado, pero que en la actualidad es difundida por españoles adoctrinados de estas zonas.
 
¿Sería mucho pedir que algún gobernante bien instruido le respondiera con mesura y firmeza a la vez?: ¿Cree usted que la historia de España, uno de los pocos países que ha sido primera potencia mundial, que ha descubierto ensanchado el planeta es mediocre? ¿Cree usted que el idioma mayoritario de los catalanes – el español a pesar de toda la inmersión- es mediocre a pesar de ser la segunda lengua internacional más hablada del mundo? ¿Cree usted que la literatura y la pintura españolas, sus pinacotecas, sus museos que son los más valorados del mundo son mediocres? ¿Cree usted que las infraestructuras de España, sus trenes, aeropuertos, carreteras son mediocres? ¿Cree usted que ciudades como Sevilla, Valencia, Santander, la Coruña  o Toledo son mediocres? Si no las ha visitado difícilmente podrá valorarlas más allá del mito nacionalista…
 
España podrá ser cualquier cosa menos “mediocre” en la historia del mundo. Es un país que marcó la política mundial, diverso en su historia, en sus paisajes, el 3º del mundo que más turistas recibe, y con una diversidad cultural y arquitectónica que lo hacen único en el mundo. Sus altibajos en los últimos dos siglos, como los de cualquier otro país o imperio, sin embargo nos han llevado a ser uno de los países que más ha crecido económicamente en los últimos 50 años, al mismo tiempo que se descentralizaba.
 
Cataluña ha progresado sobre manera en este lapso, tanto en economía como en gestión política autónoma. De hecho Barcelona  ha sido siempre referencia de progreso e innovación para los gobiernos de España, hasta el punto de apoyar el gobierno central la candidatura de la ciudad para los Juegos Olímpicos antes que en su capital política o que en su antigua capital económica Sevilla.
 
El relato de fracaso y de odio que se repite desde los entes financiados por el Gobierno regional, sobre la “postergación” de Cataluña por los gobiernos centrales, en una España “represiva” es una tergiversación de los hechos que no se sostiene, sin embargo ha calado en ámbitos de la población, en parte se debe a la falta de proyecto de comunicación del gobierno de España para los residentes en ese territorio.
 
El desinterés y desconocimiento de la historia de España de la mayoría de los políticos es grande, pero por lo menos sería indispensable  fijar el objetivo de  que tengan un argumentario claro redactado por historiadores de prestigio frente a la “invención  del pasado” que realizan los nacionalistas y puedan intentar contrarrestar las creencias inculcadas a parte de la población sobre el pasado de España- , y los complejos por visiones estereotipadas sobre la España o Monarquía Hispánica que dominó el mundo casi 300 años, están impidiendo que -en un entorno muy difícil por la crisis económica desde 2007, y acentuado por los casos de corrupción- los propios españoles añadan la confianza a su futuro sin tener complejos sobre su pasado.
 
La Imagen de España en el exterior puede acabar siendo un elemento secundario sino se vigila la realidad  interna de la propia unidad política llamada España que parece cada vez más desafiada.
 
Esperemos no sea demasiado tarde, pero la inacción de los partidos mayoritarios de los últimos 30 años está pasando factura ya en Cataluña. Esperemos surja algún político estadista, con visión de futuro más allá de los cuatro años que dura normalmente una legislatura, y que sea apoyado por los partidos democráticos mayoritarios, que en este caso son únicamente Partido Popular, PSOE y Ciudadanos, a pesar de las fragmentaciones internas delos socialistas y puedan rectificar a tiempo. No parece fácil.
No queda mucho tiempo.”
 
.
No perdamos tiempo.
Han transcurrido más de dos años desde esos textos, y se siguen apagando los fuegos provocados con “gasolina” sin fijarse en la necesidad de intentar “repoblar” esos bosques arrasados .
Puestos a soñar que los partidos de ámbito nacional y sus líderes Mariano Rajoy, Pedro Sánchez y Albert Rivera van a reaccionar, esperemos lo hagan de modo adecuado, sin disolver aún más la estructura del Estado, ni crear un “cupo” catalán. Sería un error más.
 
España ha sido un país que ha escuchado a sus regiones, lideradas en sus demandas por Cataluña,  y ha transferido la mayoría de sus competencias. Ha sido un nacionalismo integrador el español en estos 40 años, de buena fé. Es otra invención malintencionada que no haya habido dialogo. Pero no hay una solución milagrosa si un gobierno quiere cambiar por la fuerza las reglas del juego y arrasar con la historia. Un referéndum  ilegal, tampoco uno legal, no son ninguna solución.
 
Independientemente de violar la tradición constitucional española, para Europa sería el regreso a un nacionalismo exacerbado como el catalán propio del primer tercio del Siglo XX, que tendría por consecuencia una división de los Estados europeos, para volver a unos principados medievales, una dispersión que debilitaría aún más a Europa por el efecto dominó que podría causar en otras regiones. Todo ello en un mundo que recorre justamente el camino de la integración tecnológica y  digital donde las parcelaciones no harían sino perjudicar a todos. 
 
Es absolutamente necesaria una política de Estado articulada, permanente, que comunique los evidentes beneficios de pertenecer a un país como España,  más grande, más fuerte, diverso, y dónde Cataluña ha sido referencia de modernidad en los últimos siglos. Tampoco hay que creer que se podrá eliminar un nacionalismo exacerbado como el catalán del todo –no es el objetivo- , y menos tras lo acontecido en estos años de mensajes negativos sobre España para legitimar una supuesta Cataluña “feliz” independiente.  Debe volver ese nacionalismo a la cordura. No será fácil.
 
La “conllevancia“ entre las identidades española y catalana que Ortega y Gasset consideraba la única vía realista, sigue siendo la única posibilidad de no fragmentar sociedades. Siempre dentro del respeto mutuo, y del respeto a la ley. La ruptura actual de la baraja realizada por el gobierno regional es una prueba para comprobar si su política social de presión ideológica ha conseguido convencer a suficientes residentes en Cataluña para crear una tensión, para dividir. Y en ese desafío la Constitución debe ser aplicada sin titubeo.
 
Tampoco deberían olvidar los políticos el comunicar sobre una España con un proyecto “ilusionante” de futuro común tal y como especificaba hace 100 años José Ortega y Gasset: han de ponerse como objetivo reducir los españoles sin estudios superiores en todas las regiones, reducir el desempleo a través de la promoción del emprendimiento y no del subsidio, facilitar que los españoles puedan viajar y conocer otras regiones –y que sepan todos los españoles que todas esas partes de España son tan suyas como en las que viven- : hablarle a la gente e ilusionarla con el futuro… hacer una España mejor y no solo gestionar lo que ya existe.
 
No hay tiempo que perder después del 1 de Octubre….
 
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