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Una recuperación intensiva en empleo: factores explicativos

Una de las principales características de la recuperación de la economía española es su fuerte creación de empleo. En el trienio 2015-2017, el número de puestos de trabajo equivalentes a tiempo completo (ETC) aumentó en algo más de 500.000 al año,1 un crecimiento anual promedio del 3,0%.2

Actualizado 4 agosto 2018  
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Caixa Research
  
En vista del fuerte desempeño del mercado laboral, a continuación analizamos los factores que explican la elevada intensidad en la creación de empleo a lo largo de la recuperación.

Entre el 1T 2015 y el 1T 2018, el empleo ETC creció un 8,9% y el PIB avanzó un 9,8%, lo que nos da una ratio de 0,91 puestos de trabajo creados por cada nueva unidad de PIB, una cifra muy elevada y sustancialmente por encima de la del resto de países de la eurozona. Además, esta cifra contrasta con la experiencia pasada de la economía española. Por ejemplo, el BCE estima que, hasta 2008, en España, el aumento del empleo por cada punto porcentual de crecimiento del PIB era de 0,6 p. p.3 Sin embargo, el análisis del BCE muestra que, en los últimos años, esta relación entre empleo y PIB se ha estrechado sostenidamente y hasta tal punto que España se sitúa, hoy en día, a la cabeza de la eurozona, con casi 1 p. p. de crecimiento de la ocupación por cada punto porcentual de crecimiento del PIB 
En parte, esta mejora del dinamismo del mercado laboral es consecuencia de que la economía española es capaz de empezar a crear empleo a partir de menores tasas de crecimiento del PIB. En efecto, tal y como puede observarse en el segundo gráfico, la curva que asocia el crecimiento de la ocupación en el sector privado con el del PIB (la llamada curva de Okun) se ha desplazado a la izquierda desde el año 2012, de forma que, actualmente, la economía empieza a crear empleo a partir de un crecimiento del PIB del 0,5% interanual (un umbral sensiblemente inferior al 1,5% del periodo 2006-2011). En la medida que este movimiento coincide en el tiempo con la reforma laboral de 2012, esta podría ser uno de los cambios estructurales que explicaría el mayor dinamismo del mercado laboral, tal y como se ha analizado en varios estudios.4

No obstante, la fuerte creación de empleo también responde a un componente cíclico nada despreciable. En concreto, la destrucción de empleo que acarreó la pasada crisis económica fue tan fuerte que, a lo largo de la recuperación, es necesario volver a crear una gran cantidad de puestos de trabajo. Y es que, durante el periodo 2008-2013, se destruyó empleo de una forma muy elevada como consecuencia de un mercado de trabajo rígido y dual. Por un lado, la insuficiente presencia de mecanismos para reducir el número de horas trabajadas por empleado (es decir, el margen intensivo) promovió que el ajuste se realizara en el margen extensivo (es decir, con reducciones de plantilla). Así, tal y como puede observarse en el tercer gráfico, entre 2008 y 2013, la caída en el empleo fue mucho más pronunciada que la del PIB, hasta el punto de que la ratio entre la reducción del empleo y la del PIB fue del 2,2. Por otro lado, el número de horas trabajadas experimentó una caída relativamente menor que el empleo y, en consecuencia, el número de horas trabajadas por cada empleado aumentó en los primeros años de la crisis. Además, la menor protección de los trabajadores temporales (respecto a los indefinidos) y una tasa de temporalidad muy elevada (del 30% en el 1T 2008) fomentaron que esta reducción del número de trabajadores se realizase mediante la no renovación de los contratos temporales (véase el cuarto gráfico).

Otro factor que explica el estrechamiento de la relación entre PIB y empleo es el cambio en el peso de los distintos sectores económicos. En el periodo recesivo (2008-2013), el sector de la construcción y la industria sufrieron más que el sector de los servicios y, como resultado, el peso del valor añadido bruto5 del sector servicios aumentó del 70% en 2008 al 76% en 2013. Dado que los servicios tienden a mostrar un menor crecimiento de la productividad (es decir, la ratio del PIB sectorial de los servicios por trabajador crece relativamente menos), un aumento del peso de los servicios contribuye a reducir la brecha entre el crecimiento del PIB y del empleo en el conjunto de la economía. De hecho, en este punto, la comparación con la industria es especialmente ilustrativa. El crecimiento acumulado de la ocupación entre el 1T 2014 y el 1T 2018 ha sido similar en ambos sectores (11,6% en la industria y 11,5% en los servicios), pero la evolución respectiva de su valor añadido bruto ha sido muy distinta: en el mismo periodo (y en términos acumulados), mientras que el sector de los servicios ha crecido un 10,6%, el sector industrial lo ha hecho en un 16,2%.
Sin embargo, la industria y la construcción también contribuyen a la mayor intensidad en la creación de empleo. En concreto, la fuerte destrucción de empleo que se produjo en ambos sectores a lo largo de la recesión (por ejemplo, entre 2008 y 2013, desaparecieron dos de cada tres puestos de trabajo en la construcción y casi uno de cada tres en la industria) hace que hoy exhiban fuertes tasas de crecimiento para recuperar parte del empleo perdido. Así, en el 1T 2018 se observó un crecimiento de la ocupación del 2,9% en el sector industrial y del 7,2% en el sector de la construcción, mientras que entre los años 2000 y 2008 este crecimiento fue nulo en el primero y del 6,5% en el segundo.

Más allá del empuje que ofrece la recuperación del empleo en la industria y la construcción, la terciarización de la economía (caracterizada por la tendencia, generalizada entre las principales economías, de un mayor peso de los servicios) y un mercado laboral menos rígido sugieren que el estrechamiento de la relación entre el crecimiento del PIB y el empleo que se ha producido en España en los últimos años puede tener un carácter duradero. Así, como hemos visto en el segundo gráfico, la curva de Okun de España se ha desplazado hacia la izquierda y nos indica que, hoy en día, la economía es capaz de crear ocupación con menores tasas de crecimiento del PIB. Por otro lado, la menor pendiente de la curva de Okun, que también se observa en el segundo gráfico, sugiere que cada empleado adicional tiene la capacidad de producir más (es decir, cada aumento de 1 p. p. de la ocupación está asociado con un mayor incremento en el crecimiento del PIB) y que, además, en caso de recesión, la destrucción de empleo sería menor.

Sin embargo, es importante recordar que, pese a estas mejoras, el mercado laboral español sigue teniendo mu­­chos retos por delante, como el de la alta tasa de temporalidad (particularmente relevante en el sector de los servicios), y que suponen una fuente de debilidad para el mercado laboral ante una eventual futura recesión.
1. Según datos de la Contabilidad Nacional.
2. Este incremento ha sido ligeramente inferior al del PIB, del 3,3% en promedio, lo que implica que la fuerte creación de ocupación ha sido compatible con seguir ganando productividad (entendida como productividad laboral aparente del trabajo, es decir, PIB entre trabajadores equivalentes a tiempo completo).
3. Véase el artículo «La relación entre el empleo y el PIB desde la crisis» en el Boletín Económico 6/2016 del Banco Central Europeo.
4. Véase Izquierdo, M., Lacuesta, A. y Puente, S., «La reforma laboral de 2012: un primer análisis de algunos de sus efectos sobre el mercado de trabajo», Boletín Económico, Banco de España, Septiembre 2013.
5. Respecto del conjunto del sector industria, construcción y servicios.

 
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