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Vintage

Volver y comprobar que Vintage mantiene su excelencia

Conforme pasa el tiempo es mas claro el hecho de que un local, un restaurante, necesita tiempo para consolidarse como tal. No es fácil que tras abrir y tras los primeros esfuerzos inaugurales el nivel alcanzado por este o aquel establecimiento mantenga el listón donde lo sitúo. La rutina, el cansancio, la rotación de personal, hoy en día muy frecuente, no lo hace fácil.

Actualizado 16 junio 2012  
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Redacción Ocio
  

Por ello, es bueno, pasados los primeros ocho/diez meses darse una vuelta y volver a comer allí donde uno salió gratamente satisfecho la primera vez.
 
Esa era la intención de volver a Vintage y la realidad es que la "re-prueba" nos salió  francamente bien, lo cual hoy en día no es normal. Evidentemente ha habido algunos cambios, pero el resultado ha sido bueno. La sala, dirigida por Aitor Martínez, funciona  con eficacia y su conocimiento de la carta y de lo que se trabaja en la cocina permite al cliente disfrutar de platos  casi de mercado, que de no ser así no sería posible.
En otro ámbito, la carta de vinos sigue siendo una muestra de la preocupación del restaurante por ofrecer una calidad y un buen nivel en los caldos y prueba de ello es el Chardoney que elegimos que resulto ser un gran blanco de lo que conforme transcurre el almuerzo va mejorando hasta llegar el momento en el que te da autentica pena que la copa se termine. Se trata de Poully-Fuissé AC "Tête de Cru" 2007, de J. J. Vincent, un Chardonnay con roble que  está en un buen momento de evolución. No lo jarreamos, pero puede venirle bien.


Por lo que se refiere al almuerzo en si, pudimos,  probar  una selección de los que de alguna manera componen el menú degustación, por lo que le dimos un pequeño repaso a las novedades que se han preparado para la temporada veraniega.  De aperitivo, probamos una espuma de calabaza con virutas de jamón que resulta muy agradable, además de un aceite, Señorío de Jaén  acompañado de una gran variedad de sales, que resulta  un primer contacto, distinto y agradable, mientras charlas a la espera de que lleguen los platos.  El almuerzo arrancó con una ensalada  templada de pato con manzana  y vinagreta de frutos  rojos. El conjunto es bueno y en el paladar destaca gratamente la vinagreta de frutos rojos.   Seguimos con un carpaccio de pez mantequilla, aromatizado con sésamo.  Un solo comentario, la fuerza  del sésamo  debería de limitarse una pizca, porque de lo contrario es fácil que ese sabor pueda con la ligereza del pez mantequilla de un sabor muy delicado.

Pasamos a degustar uno de los platos estrella: la tarrina veraniega. Se trata de una excelente tarrina de foie  con queso de cabra. Aparentemente, una mezcla difícil. Sin embargo, el resultado es excelente y el plato resulta espectacular en esta época, gracias a la mezcla de sabores que aporta la tarrina en si, mas la juliana de manzana "Gran smith" y la mermelada de higo con la que se adorna el plato. 
Dejando a un lado, por así decirlo, los primeros platos o entradas, llegó a la mesa un Rodaballo, "Madrid Nueva Delhi" que resulta curioso por su concepción y elaboración. El rodaballo al horno esta aderezado con un caldo corto de curri y acompañado por unas verduras cocidas con ese condimento, además de unos tacos de gelatina de ese caldo de verduras. Curioso y distinto, Terminamos el almuerzo con otro plato excelente: las albóndigas de rabo de toro. Su presentación, su elaboración y su sabor son para convertirlo en un plato de referencia del restaurante.


Finalmente, cerramos con un  postre en el que conviven un sorbete de mango,  el mascarpone y un bizcocho de chocolate. El resultado, un postre refrescante y que rebaja la sensación de haber comido con profusión  

Vintage
Paseo de la Castellana,
Madrid

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